Apasionante y sombría, presenta un sólido discurso histórico. Se encuentra entre lo visualmente más impactante que ha ofrecido el cine español en años, destacando el espeluznante final en Rocroi, que cierra un capítulo.
Con momentos de gran belleza plástica, Lluís Homar brilla en su actuación. La trama evoca un 'El padrino' vaticano, tejiendo un entramado de traiciones, muertes y defenestraciones. Es un carnaval siniestro que siempre provoca una profunda reflexión.
Una película para toda la familia, pero también una propuesta nivelada a la baja. Es tonta y previsible; y por el camino se ha perdido todo lo que de bueno atesoraba aquel regreso del Zorro que está en la base de esta continuación.
Un título necesario. Para mostrar caminos, para que las nuevas generaciones de cineastas aprendan algo más que estilemas de género. Es una película dolorosa, implacablemente bella.
Impresionante. Un verdadero ensayo cinematográfico sobre cómo se construye y consolida la imagen, convirtiéndose en una reflexión sobre cómo mostrar el terrorismo.
No está hecha ni para espectadores habituales ni para públicos impacientes. Es una de las más arriesgadas, valientes y decididamente inusuales propuestas que han surgido del cine catalán en muchos años.
Larga y laboriosa en su materialización, descompensada entre unos prolegómenos un tanto fríos y un abrupto caer en las secuencias más guerreras y espectaculares; y poco eficazmente descritos sus personajes principales.
Rutilante, implacable y torrencial peripecia animada. No puede ser más original el arranque del filme. En la primera mitad de la película está lo mejor de la propuesta. Lo demás, aunque es interesante, queda un poco por debajo.
Mills presenta una película con numerosos elementos atractivos, destacando su manejo del humor de manera ingeniosa y una estructura que da giros inesperados.
Un filme lleno de ruido y ritmos musicales, sí, pero también alarmantemente machista y misógino, condenado, por lo que parece, a enseñorearse por plateas adolescentes; y ése es su mayor peligro.
Cándida, una historia algo azucarada pero encantadora sobre amores lésbicos y minorías raciales en EE. UU., se disfruta con agrado. Su guión es lo suficientemente inteligente como para mantener el interés sin decaer.
Cine independiente que abusa de los diálogos y las situaciones trilladas. Si es amante de la verborrea urbano-intelecto-treinteañera, adelante. Si pide originalidad, absténgase. El conjunto suena a ya visto.
Tiene a su favor las mismas bazas que 'Clerks': diálogos brillantes, buenos actores jóvenes, referencias televisivas y del cómic y un aire canalla y divertido.
Es engañosa por aparente simplicidad, salvajemente divertida y tiernamente iconoclasta. Esta obra demuestra que el dinero importa poco cuando hay talento de sobra.