Cándida, una historia algo azucarada pero encantadora sobre amores lésbicos y minorías raciales en EE. UU., se disfruta con agrado. Su guión es lo suficientemente inteligente como para mantener el interés sin decaer.
Cine independiente que abusa de los diálogos y las situaciones trilladas. Si es amante de la verborrea urbano-intelecto-treinteañera, adelante. Si pide originalidad, absténgase. El conjunto suena a ya visto.
Es engañosa por aparente simplicidad, salvajemente divertida y tiernamente iconoclasta. Esta obra demuestra que el dinero importa poco cuando hay talento de sobra.
Un paso importante en la trayectoria ascendente de Rodríguez, quien presenta un talento natural excepcional, Jesús Carroza. Cada vez que aparece en pantalla, Carroza logra captar toda la atención y eclipsar a sus compañeros. Su presencia en la película es notable.
El film presenta algunos aspectos positivos. Sin embargo, comete errores evidentes, especialmente en la elección del reparto. A pesar de ello, en general, resulta entretenido, sin momentos inesperados y, lo mejor de todo, mantiene coherencia en su narrativa.
Una sobria, tal vez incluso demasiado sobria, peripecia de amores y alta cocina, especialmente apta para públicos sensibles y con propensión al romanticismo no edulcorado.
No le pidan modos rompedores, pero cumple con lo que suele ser la razón de ser del cine popular: voluntad de llegar a un público amplio y abrir cauces para el debate.
Una película considerablemente audaz. Hábil para tocar las más delicadas cuerdas emocionales, la combinación de drama y sonrisas en este film la hace especialmente adecuada para una audiencia diversa.
Absurdo y surrealista, resulta ser una auténtica catarata de situaciones de un sentido del humor casi incomprensible. Esta película, que podría considerarse extraña, presenta un discurso algo vacío y excesivamente pretencioso acerca del amor y sus peligros.
Luce un esplendoroso blanco y negro que le va como un guante a esta historia de claroscuros moralmente difusos. Gozosa, divertida e inmensamente inteligente; no se le puede pedir nada más.
[Bhutiani] sale airoso gracias a la sutileza de su escritura, a la contención de las actuaciones y a la habilidad para cortar la escena cuando arriesga desbarrancarse hacia el lagrimón.