Un retrato detallado y realista del sector más marginal del crimen en Nueva York. Aunque parece que el universo creado por Lehane y el director a veces diverge, esto no es más que un pequeño detalle que no resta mérito a la obra.
Una narración donde todo lo que el cine puede ofrecer se siente posible, presentada sin restricciones y sin someterse a los clichés del género. El desenlace es impactante, haciendo de esta película una obra excepcional en todos los sentidos.
Quedará en la memoria no solo por las acrobacias y efectos especiales, cortesía de John Dykstra, sino también por las preocupaciones, ansiedades y desafíos que enfrenta el héroe.
Una trama extensa que abunda en violencia y busca justificar la venganza, destinada a un público joven. Es una obra que resulta tan predecible como un cómic de poca calidad.
Bien rodada, se ve sin desdoro, pero hay que lamentar que la aparente ambición de la primera mitad sucumba en aras de la creación de una trama hecha para contentar a los amantes del género.
Una película amena que logra entretener, llena de momentos cómicos efectivos y con un ritmo seguro y refinado, propio de aquellos que dominan el arte de narrar.
Herrero se desplaza con agilidad debido a una historia impactante que, en ocasiones, roza las emociones más profundas, logrando resaltar lo esencial: una clara y universal perspectiva de la vida como un arte del encuentro.
Un filme que, a pesar de su excesiva grandilocuencia, se destaca por momentos de brillantez en su puesta en escena y en la forma en que reconstruye situaciones, ofreciendo instantes casi geniales.
Una historia intensa, sin concesiones al público, donde nada es superfluo. Cada elemento tiene su lugar y los actores transmiten un naturalismo sobrio.
Sin perder su enfoque crítico y progresista, evita la autocomplacencia. Destaca la autoironía de la propuesta y su honestidad biográfica, aunque en ocasiones se exagere en la representación de los antagonistas.
El filme pasa por alto diversas líneas de desarrollo, asumiendo que la dinámica entre Bach y Federico es suficiente para captar la atención del espectador, aunque esta premisa no se cumple en todas las ocasiones.
Un drama elegante, con una dirección impecable y actuaciones destacadas que exploran el amor entre personas del mismo sexo. Es una opción altamente recomendable para aquellos que aprecian el buen cine.
Cruce raro, aunque logrado, de los ecos de una tragedia clásica, centrada en un drama entre hermanos, y el más convencional bagaje narrativo del cine criminal.