Una reconstrucción histórica de guardarropía mala, un guión que atropella en exceso la mecánica de la investigación. Pero por el medio, el espectador goza de una buena historia y de unas actuaciones memorables.
De lo que aquí se trata es de exponer con la máxima objetividad unos hechos, y que el espectador sea el que dictamine (...) Leigh, con tanta astucia como honestidad intelectual, hace que a esa mujer, el centro de un dilema que no es de ayer, sino de ahora mismo, la interprete una actriz fenomenal
Una historia acartonada, el cine de Garci se caracteriza por su gusto innato por lo melodramático y el edulcoramiento que evoca citas cinéfilas. Preserva el uso de diálogos con acentos populares, a veces buscando el humor. Por un lado, destacan las extraordinarias escenografías, cortesía del maestro Gil Parrondo, mientras que, por otro, persiste un
Retrato respetuoso y bien documentado. Pretende mantener distancias y ser imparcial, con una cuidadosa puesta en escena. Sin embargo, se queda en la superficie de las importantes preguntas que rodean a una vida truncada como la de Plath.
Terso, evocador y riguroso drama provinciano, es una opción recomendada para aquellos espectadores que no se dejen llevar por la prisa ni se vean afectados por las trivialidades del cine convencional.
Tiene aires pesadamente alemanes, un poco didactista de más, un poco demasiado atada a la palabra. Pero es también lúcidamente denunciatoria y compensada en el balance final entre búsquedas y logros.
Parece astuta pero es simplemente mediocre; le gustará, no obstante, a esa porción importante de la audiencia juvenil veraniega en busca de su ración de aullidos, suspense, adrenalina.
Emocionante fresco histórico. Un filme apasionante con el que se puede sufrir y llorar. Una extraordinaria continuación, más descarnada y, aunque parezca una paradoja, también más esperanzada que la del inicio. Ya no estamos ante una realidad bruscamente cambiante; criaturas que, cuando finalizan las seis largas horas de metraje de este emocionante
Sofisticada, provocadora y hasta un punto irritante comedia amorosa. (...) Se deja ver por la inteligencia de su puesta en escena, por sus constantes guiños cinéfilos y por cosas tan inasibles como la nostálgica recreación de un mundo de cine en el que la gente creía hace sólo un par de generaciones.