Apoyado en el notable virtuosismo del montaje y con un pulso narrativo sin desmayos. Vibrante, con momentos de una fuerza estremecedora, estamos ante una de las películas claves del último cine latinoamericano.
Lo mejor de esta película, que puede generar tanto amor como odio, es su transparencia. No oculta nada y va directo al grano. Este film, que no es para mentes sensibles, presenta algunas de las imágenes más impresionantes del cine español contemporáneo.
Exhibe una producción francamente mejorable, un guión atropellado e increíble. Será recordada en el futuro solo como un tropezón en la carrera de su creador.
Tremendo, estremecedor filme. Es incómoda, dura y premonitoria; pero es también una película sencillamente imprescindible para entender en qué diablos de mundo estamos viviendo.
Sorprendente y madura ópera prima. La cuestión esencial del film radica en cómo logra su impacto: a través de una cuidadosa recreación del cine de la época y, sobre todo, con un profundo respeto hacia sus personajes.
Un filme excelente en cuanto a su escritura y a la forma en que se presenta visualmente. Sin embargo, es una pena que su tono negativo se pierda en una última secuencia que resulta absurda y, lo que es aún más importante, contradice las lecciones que había desarrollado con tanto cuidado hasta ese momento.
La mirada de la directora no es apta para todos los públicos: su sutileza es de bisturí. Una película de inusual inteligencia, bien rodada y mejor interpretada, decididamente magnífica.
Una gran, inmensa película. Pegada a la realidad pero al mismo tiempo, inteligente pasatiempo. Denunciatoria pero sutil, el director respeta a su espectador.
Rodríguez logra salir airoso gracias a una sólida descripción de ambientes y personajes marginales, además de un toque crítico hacia la institución mucho más áspero de lo habitual y de una dirección de actores que para sí querrían muchos de sus colegas.
Lo mejor de su metraje son las secuencias de guerra, aunque presenta ciertas debilidades. El filme no logra conectar al espectador con las dificultades actuales de sus personajes, lo que resulta en una narrativa que se siente repetitiva y familiar.
Poderosamente humana, la película ilustra con especial precisión los terrores de una comunidad y se inscribe en la mejor tradición del cine de denuncia sobre la eterna herida abierta que siguen siendo los Balcanes.
Con los modos de un gran drama clásico, la película se presenta de manera fluida, aunque a veces puede parecer excesivamente lenta. Sin embargo, se siente impregnada de un tierno humanismo, ofreciendo una profunda lección sobre la convivencia social y religiosa.
Con sus momentos de elaborada surrealidad, pero también con sus excesos y su controlada locura, la película termina dinamitando los elementos interesantes que, a pesar de todo, posee.
Es un film que juega con endiablada habilidad con la emotividad del espectador con un envoltorio prodigiosamente bien compensado, en el que destaca un inmenso trabajo actoral.
Omagh se presenta como un filme que destaca por su crudeza y decisión al retratar las consecuencias de un atentado. Tal vez solo hay una forma de apreciarlo: reconociendo la necesidad de que el cine español también aborde con la misma sinceridad y frontalidad el sufrimiento de nuestras propias víctimas del terrorismo.