Las fortalezas de 'Leto' radican en su habilidad para presentar un discurso social relevante, con una producción sólida, divertida y visualmente atractiva. Sin duda, se perfila como una posible pieza de culto.
Tras la recreación del terremoto del 85, la segunda película de Kuno Becker como director cae en una espiral negativa: las tramas resultan predecibles y se suma una subtrama de corrupción que no aporta, reduciendo a los personajes a arquetipos maniqueos.
Por el tipo de trama que propone, el filme corría el riesgo de caer en obviedades o ser un completo churro, pero los actores son clave para llevar la película a un puerto enigmático y entretenido.
Con todo su carisma, la película presenta pocos elementos dramáticos y narrativos que la distingan de sus variados precedentes. El guion resulta genérico y carece de creatividad.
Crea su suspenso a partir de una música que resulta demasiado opresiva, casi obligando al espectador a ceder al miedo en lugar de permitir que este sentimiento surja de manera natural.
Pese a las pequeñas nimiedades, el bien escrito guion ratifica una vez más cómo los Secretos de Estado muchas veces se pagan con sangre, como ocurrió a principios de este siglo en Irak.
El tratamiento de McNamara resulta superficial en su presentación de los personajes y sus realidades. Al final, se convierten en personas reales limitadas a estereotipos.
Pese a ser respetuosa en el tratamiento de la figura de Jesús, no logra transmitir completamente la influencia que su protagonista tuvo hace más de 2,000 años.