Luces y sombras de una película que sabe cabalgar con liviandad sobre las fórmulas del cine de entretenimiento, pero que, probablemente, dejará algo insatisfechos a aquellos que esperen algo más que un divertimento pasajero.
Una película protagonizada por personajes de carne y hueso, criaturas cuya psicología trasciende la ley del brochazo hilarante. Funciona como un triángulo equilibrado en cuyos vértices destacan tres figuras eminentes de la comedia estadounidense.
Reparte de manera desigual sus anhelos de corrección, la nueva Top Gun, que parece más interesada en el fetichismo nostálgico que en el exceso de testosterona del film original, debe su encanto al carisma innegable de Cruise.
Lacuesta propone un viaje etéreo, especialmente vibrante y profundo, a través de la traumática huella que dejaron los atentados de 2015. Se destaca un trabajo de cámara y montaje extraordinariamente sensible.
Magnífica. Una suerte de regreso a los orígenes que nos devuelve a un Scott comprometido con la exploración de verdades profundas de la naturaleza humana.
La película brilla cuando alcanza las cotas de la comedia cínica. Sin embargo, pierde fuerza al distanciarse de sus personajes más carismáticos, interpretados por Streep, Oldman y Banderas.
Una convencional clase de historia, en la que la fuerza arrolladora de algunas imágenes –en particular, las de los campos de batalla– no trastoca el orden, mesura y equilibrio del conjunto del film.
Un disciplinado homenaje al espíritu del Nuevo Hollywood de la década de 1970, con la presencia inigualable de McConaughey, quien se erige como el eterno portavoz del pensamiento positivo en situaciones adversas.
El cineasta presenta un enfoque novedoso e inesperado, caracterizado por la utilización de la farsa más extrema. Crea una serie de viñetas grotescas, impregnadas de humor negro y reflexiones sobre el terror social.
Esta comedia sexual disfrazada de estudio de costumbres lidia con la hipocresía social sin mancharse demasiado las manos. La directora se decanta por la farsa alegre en detrimento del activismo incendiario.
Correctísima, debe casi toda su suerte a la presencia escénica de Maïwenn. La construcción del personaje de Jean se ve favorecida por la química evidente entre Maïwenn y Johnny Depp.
Una transgresora aproximación a la vida real de una monja italiana del siglo XVII, magistral en su ejecución. Es una bomba de incorrección y transgresión, un verdadero vendaval emocional.
Un riguroso trabajo documental que se presenta más como un retrato panorámico del universo de Keaton que como un análisis fílmico o historiográfico profundo.