Es otro retrato de un futuro más oscuro que optimista, angustioso en su manera de abordar el encierro y de mostrar la pequeñez de la vida humana cuando se la confronta con la inmensidad del espacio.
No hay aquí un solo instante de chispa o conexión entre los personajes. Todo resulta correcto, pero carente de vida; agradable, pero al final, uno se da cuenta de que no quedó ninguna huella.
Es una reflexión que tiende a la desesperanza, filtrada como está por un viaje a ninguna parte sin regreso posible, que se presenta delicada y líricamente, y con una melancolía tan fuerte que al final es eso lo que queda resonando.
Es una película extraña, con imágenes que quedan resonando más allá de la sala de cine, pero también sitiada por una superficialidad que nunca se supera.
El ánimo acá está cerca de lo caricaturesco, en buena onda, y quizá sea mejor pensar esta película no tanto como una reivindicación aplicada de quienes tienen estas deficiencias, sino
Le hace falta la fluidez visual de las otras películas y, así, los clichés de los que parte se hacen más evidentes. Recubierto de un sentimentalismo fácil, hace que uno termine sintiéndose frente a uno de esos filmes de relleno.
Hay algo que no termina de cuadrar en este matrimonio arreglado entre Stone y Snowden. El personaje es demasiado simple y callado, carece de profundidad y resulta anodino para el andamiaje formal.