La tensión reside en la manera magistral en que el veterano director alterna, entre hilos, el choque entre el accionar impersonal de la institucionalidad y la singularidad del individuo contratado para cometer el asesinato, que hoy parece prever el presente.
Es un asunto ligero y divertido, sin miedo a las exageraciones de ningún tipo —con largos planos secuencia, actores gesticulantes, vestidos de noche, dálmatas asesinos y una banda sonora de éxitos del rock sin medio segundo de silencio.
Con una actuación memorable de Meryl Streep, la nueva película de Steven Spielberg hace un homenaje nostálgico a la labor de los grandes diarios de cuestionar a los poderosos.
Esta película que insiste en que detrás de esos retratos simplificados de los medios existen otras realidades. Pero ese escarbar por complejidades ocultas no siempre tiene éxito.
Esta película de Víctor Gaviria aborda temas complejos y dolorosos. Genera confusión en el espectador, ya que plantea dudas sobre la idealización irreflexiva de la pureza femenina, una idea que se comparte con su villano principal.
Ofrece una buena cantidad de placeres. Las actuaciones son todas formidables y la interacción de Phoenix con cada una de estas personas ofrece toda una gama de matices.
Es una película brillante y llamativa, divertida y cómica, pero también superficial, con destellos de una profundidad (gracias a Bale) que nunca se concreta.
Esta película evoca el espíritu de las producciones serias y comprometidas de Hollywood de los años setenta, tanto en su estética como en los temas profundos e importantes que aborda.
El cine de Hogg se caracteriza por el uso de elipsis y fragmentos, desafiando al espectador a interconectar una serie de elementos que parecen neutros, permitiéndole el placer de reflexionar y reconstruir la narrativa, en un ejercicio que, aunque complejo, resulta muy gratificante.
Esta película, situada en el universo de los Transformers, pone el énfasis no en las batallas caóticas, sino en la amistad entre una muchacha y su robot/auto.