La moraleja, recargada y excesiva, esconde y resuelve todas las dudas previas demasiado rápido. Lo que perdura es el compromiso, la transparencia y la entrega absoluta de Jennifer Garner.
La película se desarrolla de manera equilibrada, aunque carece de sorpresas. Si la historia logra resonar y conectar con el espectador, es gracias al impresionante nivel de las interpretaciones.
El recorrido por estas tres décadas y media decisivas en la historia de Occidente dominadas por la figura de Napoleón tiene unos cuantos agujeros y habrá que esperar a la prometida versión integral de cuatro horas que Scott llevará al streaming.
Una serie documental de formato convencional, que presenta algunas imprecisiones en su cronología y utiliza un único recurso visual para mostrar los lugares seleccionados en la búsqueda de testimonios: tomas aéreas capturadas con drones.
En menos de dos horas, Requa y Ficarra abordan múltiples géneros y logran una fecunda mezcla que fusiona todos los elementos en una entrañable historia de amor.
Jordan narra con precisión, prestando atención a las emociones en los momentos más íntimos y a la energía de las peleas, que están bien expuestas y montadas. Sin embargo, 'Creed III' carece de una explicación sobre la ausencia total de Stallone.
La película presenta bienvenidos elementos de autor del talentoso Sam Raimi, aunque también se siente cierta desorganización y falta de emoción, resultado de su intento de explorar infinitas versiones de todos sus personajes.
'Bad Boys' se ha convertido en una marca que logra captar nuestra atención, haciendo que perdamos la noción del tiempo tras dos horas frente a la pantalla, donde los personajes cobran vida como en un videojuego.
Es un desfile de rutinas desganadas, chistes gastados, una narración con saltos y cambios de tono inexplicables y mucho ruido. Al ser todo tan gratuito, el desparpajo de la primera aventura se transforma aquí en pura vulgaridad.
La presencia de un carismático protagonista como Miguel Bernardeau no alcanza para compensar los vaivenes de una nueva adaptación condicionada por los mandatos de la corrección política y algunas malas decisiones tomadas alrededor de la edición y la música.
Hay pocas ganas de salir de los lugares comunes para la creación de una atmósfera de pesadilla, ilustrada todo el tiempo por golpes de efecto visuales y sonoros.
Peter Segal tiene aquí la virtud de sazonar todas las convenciones de este tipo de historias con bienvenidos chistes y situaciones que logran desafiar la corrección política de moda.