Una serie documental de formato convencional, que presenta algunas imprecisiones en su cronología y utiliza un único recurso visual para mostrar los lugares seleccionados en la búsqueda de testimonios: tomas aéreas capturadas con drones.
En menos de dos horas, Requa y Ficarra abordan múltiples géneros y logran una fecunda mezcla que fusiona todos los elementos en una entrañable historia de amor.
Jordan narra con precisión, prestando atención a las emociones en los momentos más íntimos y a la energía de las peleas, que están bien expuestas y montadas. Sin embargo, 'Creed III' carece de una explicación sobre la ausencia total de Stallone.
La película presenta bienvenidos elementos de autor del talentoso Sam Raimi, aunque también se siente cierta desorganización y falta de emoción, resultado de su intento de explorar infinitas versiones de todos sus personajes.
'Bad Boys' se ha convertido en una marca que logra captar nuestra atención, haciendo que perdamos la noción del tiempo tras dos horas frente a la pantalla, donde los personajes cobran vida como en un videojuego.
Es un desfile de rutinas desganadas, chistes gastados, una narración con saltos y cambios de tono inexplicables y mucho ruido. Al ser todo tan gratuito, el desparpajo de la primera aventura se transforma aquí en pura vulgaridad.
La presencia de un carismático protagonista como Miguel Bernardeau no alcanza para compensar los vaivenes de una nueva adaptación condicionada por los mandatos de la corrección política y algunas malas decisiones tomadas alrededor de la edición y la música.
Hay pocas ganas de salir de los lugares comunes para la creación de una atmósfera de pesadilla, ilustrada todo el tiempo por golpes de efecto visuales y sonoros.
Peter Segal tiene aquí la virtud de sazonar todas las convenciones de este tipo de historias con bienvenidos chistes y situaciones que logran desafiar la corrección política de moda.
Las mismas fortalezas que sostuvieron el regreso triunfal de Jumanji en 2017 están a la vista en esta continuación. Hay en sus artífices un confeso y visible amor por la aventura en todas sus formas posibles desde el cine.
Un par de genuinos placeres quedan como alivio: la excelencia del impresionante trabajo de los numerosos especialistas en efectos visuales y, una vez más, el gran carisma de Dwayne Johnson, quien domina tanto la acción como la comedia física.
Un relato que confía ante todo en la notable capacidad de Baumbach para captar al vuelo reacciones (sobre todo de parte de la extraordinaria Watts) y conductas que van del optimismo a la conciencia de la desventura.