No hay lugar para las sutilezas en 'The Shape of Water', pero sí para el romanticismo, la sensibilidad y el humor dentro de un paquete de una enorme belleza visual.
El centro de toda la película es Jackie y ni la narrativa ingeniosa ni la ajustada puesta en escena de Larraín hubiesen funcionado si no fuera por la actuación de Natalie Portman.
Fiel a nuestros tiempos, la película también toca el tema de la representación y la diversidad en el cine. No lo hace de una manera moralizante, más allá de algún diálogo más explícito al respecto, sino desde su espíritu de comedia.
El director busca que cada imagen sea "poética", pero esta combinación resulta algo insatisfactoria. Sin embargo, la película es visualmente atractiva y logra crear empatía con los personajes.
Una película con poca tensión y demasiadas explicaciones. José Padilha parece haber renegado del thriller y apuntado a una reflexión política, pero se queda a medio camino.
La película presenta aspectos positivos, como su intento de explorar la psicología de Felt. Destaca especialmente la formidable actuación de Liam Neeson y la excelente labor de su coprotagonista, Diane Lane.
Es una pena que el realizador haya olvidado sus raíces en la comedia, lo que podría haber dotado a la película de un sentido del humor necesario, en lugar de la solemnidad que se refleja en los planos que buscan desesperadamente una poesía en este 'Guasón' tan infinitamente triste.
La habilidad para transformar este tipo de relatos en narrativas cautivadoras, evitando caer en el panfleto, es un mérito de directores como Alan Pakula y Steven Spielberg. Jason Reitman se une con honor a ese selecto grupo.
Es una tragedia familiar y coming of age conmovedora; que se trate de una película de terror le agrega otra dimensión más porque implica la confrontación con lo que puede haber fuera del plano terrenal.
'Maligno' demuestra compartir los códigos del espectador de terror avezado, pero también se entrega al objetivo más básico del género: divertir asustando y asustar divirtiendo.
Un film que lleva esa discusión hacia otro territorio, con sus códigos de puesta teatral y un uso de la tecnología CGI que convierte el kitsch de la obra original en algo más perturbador que divertido.
Subraya hasta el hartazgo intenciones feministas que no logran salir de lo superficial. Todo esto resulta forzado y distrae de los aspectos más entretenidos de la película.
En la tensión entre la vocación de comedia zarpada y la conciencia de corrección política se encuentra la debilidad de 'Chips'. Su gran fortaleza radica en la notable química cómica entre Shepard y Peña. Aunque verlos juntos resulta muy entretenido, no es suficiente para salvar la película.
Los problemas de la película no residen en el mal gusto o la falta de sofisticación del humor, sino en su eficacia. Podría haber sido más divertida y haber superado a la serie original, lo que no debería ser una solicitud excesiva.