Un film que lleva esa discusión hacia otro territorio, con sus códigos de puesta teatral y un uso de la tecnología CGI que convierte el kitsch de la obra original en algo más perturbador que divertido.
Subraya hasta el hartazgo intenciones feministas que no logran salir de lo superficial. Todo esto resulta forzado y distrae de los aspectos más entretenidos de la película.
En la tensión entre la vocación de comedia zarpada y la conciencia de corrección política se encuentra la debilidad de 'Chips'. Su gran fortaleza radica en la notable química cómica entre Shepard y Peña. Aunque verlos juntos resulta muy entretenido, no es suficiente para salvar la película.
Los problemas de la película no residen en el mal gusto o la falta de sofisticación del humor, sino en su eficacia. Podría haber sido más divertida y haber superado a la serie original, lo que no debería ser una solicitud excesiva.
La película refleja la asombrosa perspectiva de 'Elefante', de Van Sant, pero en su estructura formal, elige una mayor flexibilidad en lugar del hermetismo. Es realmente una obra maestra.
No hay una verdadera adaptación al lenguaje cinematográfico, sino un simple pasaje de formato. Tampoco ayuda que el guion, aun teniendo a una gran historia en la que basarse, sea muy flojo y aburra con su misión evangelizadora.
El respeto y admiración de los realizadores por su protagonista es palpable, pero también lo es la inteligencia y sutileza con la que se acercan a cuestiones más sensibles de la vida del protagonista.
El cine no tiene nada que ver en todo esto, lo que importa es el mensaje evangelizador. El film, ..., concluye con una invitación del verdadero Macedo a rezar con él. Ni Hallmark se animó a tanto.
Es poco más que un vibrante espectáculo de escenarios lujosos y colores intensos. La película, dirigida por Jon M. Chu, parece indecisa acerca de si el lujo es un concepto ridículo o deslumbrante, dejando que gran parte de la narrativa funcione como un videoclip dedicado a este tema.
Una comedia coral basada en situaciones repetitivas, con gags que funcionan de manera irregular y personajes que parecen estar presentes únicamente para facilitar los momentos cómicos.
Todos los chistes sobre la familia ruidosa y poco respetuosa de la privacidad son aún menos graciosos en esta secuela. Los personajes siguen siendo caricaturescos detrás de todo hay un mensaje, pero el alegato no resulta muy convincente.
Ostrochovsky opta por una puesta en escena minimalista; al exhibir la desolación del paisaje y el deterioro de los espacios que habitan los personajes, la narrativa cobra toda su fuerza trágica.
En este film, la repetición actúa como un castigo tanto para el protagonista como para el espectador. A manera de contraste con 'Hechizo del tiempo', 'Si no despierto' se presenta como una parábola evidente y, lamentablemente, bastante tediosa.
Un intento fallido. Lo más decepcionante de La maldición renace es que desperdicia a un elenco muy talentoso, encabezado por Andrea Riseborough, cuya presencia enigmática no logra salvar el film.
¿Qué pasa con el material filmado cuando una película argentina queda inconclusa? El director logró integrar todo en una única película que despierta curiosidad y fascinación.
Parece haber una falta de confianza por parte de los guionistas y el director en que sus personajes y el corazón de la historia que están contando sean suficiente.