Un filme poderoso donde late la verdad representa esa manera de hacer cine artesanal, casi casera, que intenta llegar tanto al epicentro de la emoción como a las profundidades de la narrativa visual.
La sugestión visual supera a la verbal y la narración se descompone para crear atmósferas que provocan sensaciones, sin la necesidad de seguir un camino claro y directo.
El director evita lecciones morales en la confrontación entre las libertades individuales, el derecho a la intimidad, la libertad de expresión y el autoritarismo de las instituciones. Nos sitúa permanentemente en el lugar de Carla.
Uno de los mejores papeles de Nicolas Cage en los últimos años. Esta película se destaca por ser sorprendente, ingeniosa, original, inesperada y aguda, ofreciendo una perspectiva clara sobre diversos temas.
Por mucho que siga siendo un divertimento gratificante y moderadamente incorrecto, la secuela, sin desmerecer, tampoco aporta demasiado y estira y recicla recursos ya conocidos y predecibles.
Un divertido ajuste de cuentas arranca con una fuerza desbordante, mostrando una potencia visual que poco a poco se deja arrastrar por la languidez del discurso. Este cambio es claramente intencionado y añade profundidad a la narrativa.
Una película modesta en sus medios pero ambiciosa en su construcción de la empatía del espectador con su protagonista. Es visceral y provoca un mal cuerpo lacerante y sostenido.
El director se atreve a dar rienda suelta al estilo. Sin embargo, Fesser no acaba de rematar. Sus historias dejan una sensación de que si hubiese apretado más, el resultado hubiese sido más penetrante.
Un viaje tan sibarítico como febril y perverso. Una marcianada delirante, excesiva y provocadora. El poder del relato es infinito. (...) una maravillosa reivindicación de la fantasía y de la locura (…) Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)
Un peliculón, Ruiz de Azúa logra construir la emoción de forma casi imperceptible y sin pretensiones, basándose en la verdad que surge de su propia experiencia. Refleja la vida misma.
Es un experimento extraño e irreverente. Lejos de la perfección, 'Cool World' merece ser reivindicada como una pieza única, fascinante y peculiar. Ojalá veamos más fracasos como este.
La postura de Solanas es evidente y no oculta su opinión, aunque muestra un sesgo al seleccionar los testimonios. El mensaje reivindicativo pierde fuerza debido a una realización demasiado convencional.
Uno de los grandes aciertos de la película es la apuesta por un montaje no lineal. La narrativa se vuelve más intrigante a medida que avanza, mostrando así un enfoque más sorogoyonesco. Sin duda, se perfila como una de las películas más destacadas del año.
Es tremendamente divertida, arranca y no se detiene. La desnudez de la propuesta es el mejor valor de una película con una ambición popular y palomitera.
¡Basta ya de este sindiós absurdo! No se vislumbra una mínima pretensión de ofrecer una película interesante o entretenida o mínimamente coherente. No hay un ínfimo esfuerzo creativo.
Los zombis del tren de Busan que te aterrorizaron ahora se sienten patéticos. Se presenta una película agotadora, que carece de profundidad y resulta muy tediosa.