Tiene algo perversamente atractivo, que no te suelta, que te sumerge en una pesadilla de bases pesadas, luces estroboscópicas y estupefacientes. Y Batman, como el café, cuanto más oscuro, mejor.
Heredera de 'Memories of Murder', este 'thriller' surcoreano presenta una fotografía y una puesta en escena mucho más estridentes, pero no logra mostrar una personalidad propia.
Supone un regreso de un melodramatismo apático en el que el director y protagonista no consigue extraer la emoción que se presupone. La película tiene el corazón tan frío como una noche durmiendo a la intemperie.
J.J. Abrams concluye la trilogía con un episodio que resulta aburrido e incoherente, donde la sutileza brilla por su ausencia. Se siente como el capítulo menos inspirado de toda la saga.
Goi se centra en utilizar efectos sonoros y sustos predecibles para causar miedo en el espectador. Oscuridad, movimientos bruscos de cámara, imágenes difusas y alteraciones repentinas en el volumen son sus principales recursos.
Si el espectador se abstrae del caos de una trama en la que no hay nadie al volante, al menos encontrará solaz en algún que otro momento que por delirante es mágico. La película es imprevisible y eso le otorga un encanto particular.
El guion de Linklater está lleno de sorpresas, de giros, de paradojas. Nunca se queda en la convención. La química entre los protagonistas llena la pantalla.
Sin mayores pretensiones que las de la emoción y la concordia social, 'Maixabel' insiste en la necesidad de diálogo y ya, por ello, es valiosa como ejercicio de empatía.
Es un espectáculo visual impresionante que cautiva desde el primer momento. La cinematografía es excepcional y cada escena está cuidadosamente elaborada, lo que resulta en una experiencia verdaderamente inmersiva. Las actuaciones son convincentes y logran transmitir la intensidad de la trama, haciendo que el espectador se sumerja por completo en la
Sin salirse de la convención de los 'biopics', 'La corresponsal' retrata las contradicciones de una profesión tan ingrata, arriesgada y adictiva como lo es el periodismo de guerra.
Una echa de menos documentales en los que el resultado final no dependa del visto bueno del documentado, porque solo dan como resultado tediosos autoaplausos.
Es una película complaciente con el personaje, con el absolutismo y consigo misma, una biografía aguada para disfrute de todos los públicos, entretenida pero olvidable.
Bradley Cooper dirige su segundo largometraje, que también protagoniza, con el que busca revalidar su carrera hacia el Oscar con tanto ahínco que resulta hasta doloroso de ver.
Una película de belleza pictórica tan impactante que merecería estar expuesta en las paredes del Museo del Prado. Además de la destacada actuación de Krieps, es un deleite para los sentidos gracias a su fotografía espléndida.
Un filme poderoso donde late la verdad representa esa manera de hacer cine artesanal, casi casera, que intenta llegar tanto al epicentro de la emoción como a las profundidades de la narrativa visual.
La sugestión visual supera a la verbal y la narración se descompone para crear atmósferas que provocan sensaciones, sin la necesidad de seguir un camino claro y directo.
Una comedia entrañable. Se trata de una comedia suave, sin estridencias. Elejalde y Auquer logran elevar una película de energía baja, donde todo está en su lugar, quizás demasiado en su lugar.