Una película de dos horas de duración, hecha a punta de dinamita y sin una historia mínimamente interesante que la sustente, llega a ser un monumento a la repetición.
Forero adopta una perspectiva pausada y contemplativa. Ese enfoque funciona muy bien en la primera historia, pero en los otros dos segmentos, las deficiencias en la actuación y en la puesta en escena nos trasladan de la naturalidad al artificio.
Más que una historia llena de giros argumentales, 'Manchester junto al mar' es un excelente estudio de un personaje. A su destacada interpretación se suma un guion eficaz, que resalta las relaciones entre los personajes y presenta diálogos bien estructurados.
Entretiene en algunos momentos, pero en otros aburre sin piedad. Lo mejor de la película son los encuentros entre el protagonista y la viuda, unos breves pasajes donde Turturro y Paradis tratan de llevar al espectador a un mundo teñido de dulzura y melancolía.
Una cinta de excelente factura que supera en calidad a varias mega-producciones taquilleras que inundan nuestra cartelera, y que lleva al espectador a un estado de trance, aunque también lo saca de él con sus propios excesos.
A la hora del desenlace las cosas se descarrilan, de manera literal y figurada, con giros argumentales inverosímiles, redundantes, persecuciones y un desborde de violencia que termina saturando.
Con un ritmo pausado, unos planos cuidadosamente compuestos y una hermosa fotografía, Kawase convierte esta pequeña fábula en un homenaje al ritual de la cocina.
La trama es una mala imitación de una historia que intenta compensar su falta de contenido con diálogos tan grandilocuentes que resultan ridículos. Por otro lado, Bradley Cooper y el resto del elenco parecen completamente fuera de lugar en esas sofisticadas cocinas, y cuando deciden romper platos, lo único que generan es una sensación de vergüenza
La sutileza brilla por su ausencia en la película, que en varios momentos se siente como una lección básica de ética. Aun así, la trama avanza como un intenso thriller psicológico, donde finalmente el cine logra imponerse.
Además de ser un rompecabezas apasionante que asusta y divierte al mismo tiempo, invita al espectador a reflexionar sobre los mecanismos manipulativos del cine de terror y la cultura voyerista que prevalece en la actualidad.
Más allá de los recursos argumentales reiterativos en el cine, el verdadero problema de la película radica en la forma esquemática y simplista en que se desarrolla la transformación de su protagonista.
Y cuál es la verdadera gracia de una película como esta?: la monumental actuación de Juliette Binoche, y su conversación final con el gran Gérard Depardieu.
La cinta logra momentos destacados al abordar la auténtica cultura de nuestros pueblos y refleja cómo muchos intentan aprovechar el éxito de los demás, tal como ocurre en nuestro propio Macondo.
Aunque solo la historia sería suficiente para crear una buena película, la directora Pascale Pouzadoux muestra una inclinación por el melodrama y el exceso sentimental, lo cual se refleja en secuencias desafortunadas que tienen un aire de videoclip.
La versión colombiana mejora notablemente el tratamiento del complejo tema de la discriminación. Mientras que en la película argentina se percibía un aroma a explotación, aquí se convierte en una reflexión más profunda sobre la segregación.
La película termina siendo una emotiva reflexión sobre la futilidad de la vida y reafirma la posición de Payne en el exclusivo grupo de directores alternativos de calidad que persisten en Hollywood, a pesar de ser ignorados por el público.
Dos cosas sobresalen de esta estupenda película. La primera es la gran narración de Woody Allen, no solo con un guion que hilvana de manera impecable el pasado y el presente, (...) La segunda es la brillante actuación de Cate Blanchett.
El principal activo de esta producción se convierte en su mayor debilidad. La historia revela las múltiples reescrituras, especialmente con los giros inusuales que se presentan en el tramo final de la película.