Con un ritmo pausado, unos planos cuidadosamente compuestos y una hermosa fotografía, Kawase convierte esta pequeña fábula en un homenaje al ritual de la cocina.
La trama es una mala imitación de una historia que intenta compensar su falta de contenido con diálogos tan grandilocuentes que resultan ridículos. Por otro lado, Bradley Cooper y el resto del elenco parecen completamente fuera de lugar en esas sofisticadas cocinas, y cuando deciden romper platos, lo único que generan es una sensación de vergüenza
La sutileza brilla por su ausencia en la película, que en varios momentos se siente como una lección básica de ética. Aun así, la trama avanza como un intenso thriller psicológico, donde finalmente el cine logra imponerse.
Si la intención del director, Kirill Serebrennikov, era apabullar al espectador, a fe que lo logra. Lo que no está claro es hasta dónde esté dispuesto el espectador a tolerarlo.
La ligereza con que Allen presenta la historia contrasta con el cuidado que dedica al tema que realmente le interesa: el dilema moral de quien debe cometer un crimen para evitar un mal mayor.
Además de ser un rompecabezas apasionante que asusta y divierte al mismo tiempo, invita al espectador a reflexionar sobre los mecanismos manipulativos del cine de terror y la cultura voyerista que prevalece en la actualidad.
Más allá de los recursos argumentales reiterativos en el cine, el verdadero problema de la película radica en la forma esquemática y simplista en que se desarrolla la transformación de su protagonista.
Y cuál es la verdadera gracia de una película como esta?: la monumental actuación de Juliette Binoche, y su conversación final con el gran Gérard Depardieu.
La cinta logra momentos destacados al abordar la auténtica cultura de nuestros pueblos y refleja cómo muchos intentan aprovechar el éxito de los demás, tal como ocurre en nuestro propio Macondo.
Ver 'El rey del Once' es como fisgonear por la ventana de una casa ajena. La exploración que hace Burman del mundo de los judíos porteños es reveladora, con una cámara omnipresente y una puesta en escena naturalista que por momentos le dan al filme un toque cuasidocumental.
Aunque solo la historia sería suficiente para crear una buena película, la directora Pascale Pouzadoux muestra una inclinación por el melodrama y el exceso sentimental, lo cual se refleja en secuencias desafortunadas que tienen un aire de videoclip.
La versión colombiana mejora notablemente el tratamiento del complejo tema de la discriminación. Mientras que en la película argentina se percibía un aroma a explotación, aquí se convierte en una reflexión más profunda sobre la segregación.
Jonze se ha lanzado a explorar la fórmula más popular del cine: una historia de amor, pero de una manera bastante peculiar, específicamente entre un hombre y un sistema operativo inteligente.
La película termina siendo una emotiva reflexión sobre la futilidad de la vida y reafirma la posición de Payne en el exclusivo grupo de directores alternativos de calidad que persisten en Hollywood, a pesar de ser ignorados por el público.
Dos cosas sobresalen de esta estupenda película. La primera es la gran narración de Woody Allen, no solo con un guion que hilvana de manera impecable el pasado y el presente, (...) La segunda es la brillante actuación de Cate Blanchett.
A pesar de sus numerosas virtudes, 'Agosto' no logra conectar con el espectador. La razón es clara: resulta difícil sentir empatía por los personajes, y no se entiende la razón de la constante tensión que se desarrolla ante nuestros ojos.
El principal activo de esta producción se convierte en su mayor debilidad. La historia revela las múltiples reescrituras, especialmente con los giros inusuales que se presentan en el tramo final de la película.
No está claro si estamos ante una comedia trágica o una tragedia cómica, pero lo cierto es que esos dos ingredientes se neutralizan y pierden eficacia. Además, la credibilidad del drama se debilita con una musiquita dulzarrona que suena todo el tiempo.