No está claro si estamos ante una comedia trágica o una tragedia cómica, pero lo cierto es que esos dos ingredientes se neutralizan y pierden eficacia. Además, la credibilidad del drama se debilita con una musiquita dulzarrona que suena todo el tiempo.
La película destaca por dos motivos. Primero, el hecho de que tanto el director como el guionista sean británicos es fundamental, ya que aportan un humor refinado que marca la diferencia respecto a lo que podría haber sido una vulgar adaptación estadounidense de la misma narrativa.
Al director sueco Ruben Ostlund le falta un editor, le sobra confianza en sí mismo, o ambas cosas simultáneamente. En las larguísimas dos horas y veinte minutos que dura la cinta propone tantas pequeñas ideas que termina opacando dos líneas narrativas potentes y bien logradas.
Constituye una apuesta tremendamente audaz de González Iñárritu. Desde el punto de vista formal, (...) en el tramo final la cinta alcanza un nivel de excelencia digno de admirar.
Es una suma de pedazos sueltos, en más de un sentido. A la desconexión de sus líneas narrativas, se agrega la intención de Cronenberg y su guionista de hacer dos cosas bien distintas. En esta ocasión, Cronenberg amagó para un lado, pateó para el otro, y el tiro apenas alcanzó a rozar el palo.
El problema de Lee es que propone una versión mucho más realista de la historia, lo que hace que el resultado esté más cerca de la ordinariez que de la audacia artística.
El mayor inconveniente de 'El sorprendente Hombre Araña 2' es su historia. La inclusión de tres subtramas genera una complejidad que los guionistas no lograron manejar adecuadamente.
Es un admirable ejemplo de cómo construir una atmósfera de zozobra. La debutante directora australiana Jennifer Kent aprovecha su conocimiento de la naturaleza femenina para desarrollar una conflictiva relación maternal.
Es notablemente ambiciosa tanto en el tema que trata como en su ejecución. Si bien esto resulta en un deleite visual, en ocasiones afecta la narrativa; los prolongados planos, el ritmo lento y las imágenes elaboradas a menudo hacen que la historia pierda fuerza.
El inicio de la historia puede parecer trivial, pero pronto se transforma en un cauteloso preludio a un impactante tercer acto, lleno de una intensidad visceral que le otorga un profundo significado a la primera canción que se escucha en la película.
En ciertos momentos, la combinación de ambas tramas se siente forzada, lo que diluye el impacto del drama social que afecta a la comunidad, convirtiéndolo en un aspecto más de una producción excesivamente calculada.
Damien Chazelle navega con maestría entre la tradición cinematográfica y lo moderno. Su impresionante secuencia de apertura evidencia su profunda influencia de los grandes musicales, logrando integrarlos de manera impecable.
Algunos aspectos de este filme no han envejecido bien. El hilo narrativo, que en 1964 tenía la audacia de la improvisación, hoy luce errático e insustancial. Entre tanto, el humor termina siendo excesivamente ingenuo y reiterativo.
La solemnidad de los diálogos, el ritmo y las actuaciones, sobre todo en la primera parte de la narración, hacen que en ciertos pasajes lo hipnótico coquetee peligrosamente con el tedio.
El guion está bien elaborado y muestra respeto por la inteligencia del público, pero en algunas partes, la trama se deja llevar por sentimentalismos de la Nueva Era que no le favorecen.
Aparte de su admirable talento cinematográfico, [Villeneuve] sabe sacar partido del buen trabajo de Brolin, quien tiene todos los matices que debe tener un malo de veras, y Blunt, quien combina el arrojo con la vulnerabilidad.