La película dice estar basada en archivos de casos reales de un policía que se convierte en demonólogo. Sin embargo, se siente más como un collage de guiones rechazados de películas de terror.
Imaginad estar sentados delante de una película que dura 139 minutos, de los cuales 45 sobran y presenta cinco subtramas innecesarias. Al igual que Momoa, al principio resulta atractivo, pero pronto se vuelve agotador.
Por desgracia, el abundante encanto de Smith se desperdicia convirtiéndolo en segundón de un puñado de estúpidas máquinas que parecen maquetas rechazadas de alguna reunión de ideas de Star Wars.
Es un logro sólido, técnica y dramáticamente. Al igual que sus protagonistas, la película realiza su trabajo con un mínimo de histrionismo, pero con una tonelada de suspense.
No logra generar una profunda furia o tristeza, a pesar de sus intentos. La historia es interesante, aunque no sobresale por su espectacularidad; logra encender la chispa, pero carece de calor.
Roberts ha elegido un enfoque simple y poco elaborado. Todo el filme transmite una sensación de cinismo y baja calidad, incluso considerando que la premisa original ya carecía de solidez.