A través de dibujos animados, Yeon Sang-hoo carga contra las injusticias de la sociedad coreana y juega con las convenciones de género en un clima de tensión sofocante.
Kaufman vuelve a recordarnos el maravilloso don que posee para convertir la angustia existencial en historias deliciosamente extrañas. Imposible quitársela de la cabeza.
Aunque son ricos en atmósfera, los segmentos de acción real tienden a ser repetitivos. En contraste, las partes animadas son absolutamente fascinantes. A pesar de este desequilibrio, la obra en su conjunto se presenta como un relato perturbador.
Skolimowski opta por un estilo visual expresionista, cuyos efectos oscilan entre lo onírico y lo alucinógeno. ‘EO’ consigue que nos identifiquemos con su héroe equino sin necesidad de antropomorfizarlo.
Una premisa desperdiciada que intenta crear tensión y misterio a través del contraste entre lo cotidiano y lo perturbador. Sin embargo, la monotonía termina apoderándose del relato, diluyendo su potencial.
Es una película única, increíblemente conmovedora. Nos despierta la empatía hacia sus protagonistas por su sensibilidad al mostrar que somos como ellos.
Sorprendentemente emocionante, que explicita para el público infantil la riqueza y la relevancia de la novela en la que se basa sin necesidad de resultar excesivamente empalagosa en el proceso.
Una sorprendente dosis de oscuro sentido del humor, con una atmósfera eficazmente lúgubre y opresiva, solo interrumpida por algunos efectos digitales. Sin embargo, el último tercio de la película desvía la atención al caer en la estupidez.
Contemplar una versión de acción real de la anárquica brutalidad del 'slapstick' animado inicialmente satisface cierta curiosidad morbosa, pero no tarda en resultar desagradable y perturbador.
Una odisea desperdiciada. Pantoja, transformado en un personaje casi secundario de su propia historia, muestra la incapacidad del director para infundirle un auténtico impacto dramático.
El secreto para disfrutar de la película es prestar menos atención a su argumento y concentrarse en cómo este se evoca a través de las canciones, viéndola principalmente como un deslumbrante álbum visual.
La película muestra una sofisticación formal y dramática similar a la de un episodio de ‘Acacias 38’, con una interpretación completamente desbordante de Toni Servillo en el papel central.