Una odisea desperdiciada. Pantoja, transformado en un personaje casi secundario de su propia historia, muestra la incapacidad del director para infundirle un auténtico impacto dramático.
El secreto para disfrutar de la película es prestar menos atención a su argumento y concentrarse en cómo este se evoca a través de las canciones, viéndola principalmente como un deslumbrante álbum visual.
La película muestra una sofisticación formal y dramática similar a la de un episodio de ‘Acacias 38’, con una interpretación completamente desbordante de Toni Servillo en el papel central.
Entre todo el exceso de palabrería y los somníferos flashbacks, se presentan estallidos de violencia repentina. Sin embargo, esos instantes subrayan la falta de energía que predomina en el resto de la película.
No soslaya el lado oscuro de su protagonista; sin embargo, su elección de abarcar numerosos episodios y aspectos de la vida de Amundsen limita la profundidad y la intensidad dramática que podría alcanzar en cada uno de ellos.
Derivativa historia de fantasmas que no logra trascender la simple acumulación de sustos pasajeros. Además, cuenta con la presencia de Helen Mirren, pero no le ofrece un papel mínimamente interesante.
La falta de conocimiento del espectador sobre Andreas-Salomé parece ser lo único que puede equilibrar la excesiva convencionalidad de esta representación de una figura tan singular.
Es una película completamente descentrada. No sabe si quiere ser un retrato de la comuna ‘hippy’ o preguntarse si el motor de la revolución es la guerra o, por el contrario, es el arte. Al final, claro, no acaba siendo nada.
Imponentes paisajes pero no logra comunicar el sufrimiento interno de los personajes que los habitan, en buena medida porque los diálogos y las interpretaciones son pura rigidez y el argumento avanza atropellado.
Tres horas y media de metraje que, eso sí, ofrecen motivos rotundos para justificar su peso. La narración avanza con solemnidad elegíaca, brindando una experiencia cinematográfica extraordinaria.
Es una película emborrachada de su propia ambición y sus supuestos excesos de fluidos corporales, cocaína y vulgaridad. Se siente como una obra excesivamente calculada que carece de energía genuina.