La película intenta ser ambigua, pero termina siendo confusa. Introduce numerosos personajes y subtramas que no logra desarrollar. Aspira a un tono tragicómico, pero se mueve erráticamente entre lo trágico y lo cómico.
La película actúa como una muestra inintencionada de ideología reaccionaria y como un argumento cínico que intenta convencernos de que todo es manipulación, falsedad y simulación.
Es uno de esos thrillers de espionaje cuya peripecia narrativa va densándose hasta hacerse impenetrable. Zhang parece usar el argumento sobre todo como pretexto para exhibir su sentido del ritmo.
Se conforma con realizar ligeras modificaciones a los personajes emblemáticos de aquel clásico y utiliza variaciones de momentos memorables para llenar una narración que carece de dirección e inspiración.
Aqueja el tipo de sequedad y densidad informativas propias de una lección universitaria, pero logra el mérito de despertar nuestro interés por muchos de los títulos que discute.
Esta versión de estar por casa de 'Doctor Zhivago' resulta empalagosa y emocionalmente falsa, y está toscamente narrada y torpemente interpretada. Apenas sirve para alguna risa ocasional.
Es, ante todo, un ejercicio fascinante de perspectivas y simpatías cambiantes. Park nos guía a lo largo de su recorrido, mostrando un dominio absoluto sobre el tono variable de la película, sin dejar escapar ni una sola nota.
Pese a su tono apacible, su ternura y sus encantos visuales, es una obra impregnada de dolor y devastadoramente elocuente sobre todo lo que aquel episodio oscuro de la historia destruyó.
Una colección de virguerías visuales tan extensa que resulta difícil enumerarlas. Al unirse a una serie de monólogos elaborados, se convierte en una película agotadora. Sin embargo, Greenaway logra compensarlo, o casi, con su energía e inventiva.
Una de las obras más audaces del director a nivel formal. Avanza vehiculada por una sucesión de dibujos increíblemente detallados que parecen surgidos de un poder superior.
La Sagrada Familia de los ‘kaiju’ vuelve a demostrar que su potencial cinematográfico no está agotado. Las asombrosas escenas de acción capturan a la perfección el poder que Godzilla ejerce.
Se ve lastrada por un puñado de secuencias de acción aparatosas pero no especialmente inspiradas, personajes secundarios nada memorables y un exceso de efectos digitales que la priva de la fisicidad y la inmediatez que un día definieron la saga.
Su objetivo principal es salpicarnos de sangre con balas que agujerean cerebros, empleando una actitud propia de los dibujos animados de Chuck Jones y Tex Avery, aderezada con notables dosis de humor negro. Y lo logra.
Es una versión de bajo presupuesto de una película de los X-Men que presenta los mismos problemas frecuentemente asociados al cine de Marvel, como un metraje excesivo, ambiciones desmedidas y secuencias de acción confusas.