Pese a su tono apacible, su ternura y sus encantos visuales, es una obra impregnada de dolor y devastadoramente elocuente sobre todo lo que aquel episodio oscuro de la historia destruyó.
Una colección de virguerías visuales tan extensa que resulta difícil enumerarlas. Al unirse a una serie de monólogos elaborados, se convierte en una película agotadora. Sin embargo, Greenaway logra compensarlo, o casi, con su energía e inventiva.
Una de las obras más audaces del director a nivel formal. Avanza vehiculada por una sucesión de dibujos increíblemente detallados que parecen surgidos de un poder superior.
La Sagrada Familia de los ‘kaiju’ vuelve a demostrar que su potencial cinematográfico no está agotado. Las asombrosas escenas de acción capturan a la perfección el poder que Godzilla ejerce.
Se ve lastrada por un puñado de secuencias de acción aparatosas pero no especialmente inspiradas, personajes secundarios nada memorables y un exceso de efectos digitales que la priva de la fisicidad y la inmediatez que un día definieron la saga.
Branagh utiliza trucos formales que buscan inducirnos a una sensación de opresión y desorientación. Sin embargo, en algunas ocasiones, estos elementos, combinados con una narración confusa y apresurada, terminan siendo meras distracciones.
Su objetivo principal es salpicarnos de sangre con balas que agujerean cerebros, empleando una actitud propia de los dibujos animados de Chuck Jones y Tex Avery, aderezada con notables dosis de humor negro. Y lo logra.
Es una versión de bajo presupuesto de una película de los X-Men que presenta los mismos problemas frecuentemente asociados al cine de Marvel, como un metraje excesivo, ambiciones desmedidas y secuencias de acción confusas.
Genera dosis efectivas de tensión a partir del evidente riesgo que afronta su héroe, pero a cambio resulta tan inverosímil que acaba insultando a la audiencia y trivializando los horrores que recrea.
Construye un mundo de colores apagados que transmiten sobriedad y control, evitando adentrarse en lo sobrenatural para capturar el horror de un mundo abocado al desastre.
Al actor Eisenberg no le favorece ni el excesivo sentimentalismo de la historia ni la tendencia de los diálogos hacia una solemnidad estereotipada. Lo más notable de ‘Resistencia’ es su simple existencia.
Es digna de admiración por sus imposibles secuencias de acción, su voluntad de hacer lo que haga falta para no aburrir, y el orgullo con el que luce su condición de cine 'trash'.
Logra un difícil equilibrio entre lo absurdo y lo trágico. Waititi utiliza un humor crudo y una estética que evoca a Wes Anderson, haciendo que los nazis se presenten como verdaderos bufones.
Terrence Malick parece estar en un laberinto creativo, dedicando gran parte de la película a presentar diversas reinterpretaciones de unas pocas situaciones. Mientras tanto, insiste en resaltar la metáfora religiosa que sostiene la narrativa.
Tres pesadísimas horas de metraje para ofrecer una narración exasperantemente ramplona, lastrada por los personajes más unidimensionales y el más tosco sentimentalismo.
Tiene pocas cosas que decir sobre la esencia de un gran líder que no hayamos oído ya. Al verla uno siente que su única razón de ser es proporcionar a Gary Oldman su Oscar.
A medio camino entre el biopic y el thriller, esta adaptación del best-seller de Laurent Binet sobre el general Reinhard Heydrich resulta inconsistente y académica.