Un extraordinario espectáculo. Un documental vibrante y conmovedor, que actúa como un recordatorio de la sublime experiencia colectiva que la música en vivo puede ofrecer.
Edgar Wright adopta un tono más serio en esta entrega, aunque carece del elemento terrorífico. Se trata de la película más oscura de su carrera y, quizás por eso, es también la menos completa.
Se trata de una película repleta de planos visualmente impactantes, pero notablemente fría. Su rigor es admirable, pero esto provoca que el espectador se sienta distanciado.
Konchalovsky rememora la masacre de forma impactante, pero se muestra interesado principalmente en recordar los esfuerzos del gobierno para silenciarla, y en el proceso logra generar una tensión creciente.
Es un relato despojado de todo trasfondo y absolutamente deshistorizado; la violencia acaba teniendo aquí la misma significancia que tendría en cualquier 'thriller'.
Melfi se dedica sistemáticamente a complacer a la audiencia con una sucesión de momentos que derrochan buenos sentimientos, pero tienden a simplificar las batallas contra el sexismo y el racismo.
Lo que originalmente era una formidable reflexión queda transformada en un melodrama predecible centrado en la relación entre padres e hijos, plagado de clichés que intentan retratar los convulsos años 60.
Hawke ofrece uno de los mejores trabajos de su carrera. Considerando la tendencia de Hollywood a convertir las biografías musicales en narraciones estereotipadas de ascenso y caída, el enfoque adoptado resulta ser un soplo de aire fresco.
Canto a la subversión. Tan provocadora invitación al espectador a cuestionar lo que ve es sin duda idónea para una película sobre un científico que predicó los males de la obediencia ciega.
Esta película debería ir a parar directamente a una estantería de DVD. O, mejor aún, ni siquiera debería haber existido. Es realmente mala. El director claramente no tiene idea de lo que está haciendo.
Se las arregla para ser a la vez efectiva como sutil alegato en favor del derecho a la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, conmovedor retrato (...) y el tipo de historia de supervivencia capaz de hacer que las uñas se nos queden clavadas en la butaca.
Documental terrorífico y demoledor. Una demostración palmaria de lo contraproducente que la propaganda puede ser y una relevante reivindicación de la libertad de pensamiento y expresión.
Rebosa ideas que se apuntan pero no se desarrollan, personajes insuficientemente perfilados; sin embargo, esos déficits casi quedan compensados gracias, sobre todo, a la interpretación de Penélope Cruz.
Desperdicia por completo su prometedora premisa; no logra generar tensión dramática ni desarrollar personajes mínimamente complejos. En el papel del fotógrafo, Depp ofrece una interpretación excesivamente caricaturesca.
Chaves se conforma con asustarnos a través de una serie de clichés y giros predecibles, sin demostrar ningún interés por crear una atmósfera de tensión.