Es una película absolutamente maravillosa un fresco de una sociedad y un tiempo de modestia apabullante, y que aun así derrocha serena épica y sutil emotividad.
El cineasta en su último trabajo emplea la comedia como un caballo de Troya. Sin embargo, la inclinación hacia el sermón perjudica el desarrollo de la película.
¿Qué puede ofrecer a los espectadores inmunizados frente a las provocaciones del danés? Un puñado de ideas genuinamente provocativas desperdigadas a lo largo de un metraje increíblemente exagerado (...) grotesco autorretrato
Igual de efectiva como cine negro que como crónica social de la Argentina de los 70, ofrece un retrato asombrosamente atmosférico de un mundo infectado de amoralidad y paranoia.
Esta secuela ofrece más de lo mismo, pero en una versión más extensa, más elaborada, más dramática y cargada de momentos impactantes. En definitiva, busca alcanzar un estatus épico, y aunque podría lograrlo, no llega a la altura de su predecesora.
Es un biopic competente aunque no deja una huella perdurable. El esfuerzo de Depp por sumergirse en su papel mediante múltiples capas de maquillaje y prótesis resulta inquietante, pero esta vez, por razones adecuadas.
Un escenario terrorífico, que podría haber servido de efectivísimo marco para hablar de las maldades de la dictadura chilena si el director no hubiera preferido trivializarlo de varias maneras.
En un alarde de pretenciosidad, Angelina Jolie intenta replicar el estilo cinematográfico de Michelangelo Antonioni, pero solo consigue crear una parodia involuntaria.
Descarado biopic que apenas profundiza en la política de la ex Primera Ministra inglesa. La película se esfuerza por presentar a su protagonista como no solo respetable, sino también conmovedora y admirable.
Magistrales títulos de crédito. Sin embargo, carece de ritmo y no presenta un verdadero desarrollo narrativo ni tensión dramática. Se siente como una mera colección de cuadros enloquecidos que De la Iglesia no consigue ensamblar coherentemente.
Aspira a convertirse en una de las películas más impactantes de la temporada. Es una producción dispuesta a probarlo todo para asombrar al espectador, y está convencida de que no tiene nada que perder.
Exhibe chispazos de energía narrativa propia de una aventura criminal en su avance hacia una resolución que se las arregla para colmarnos tanto de euforia como de melancolía. Eso sí que es magia.
Funciona a modo de sincera dedicatoria. Observa el mundo del ‘wrestling’ con seriedad pero, a pesar de ello, Durkin ofrece más un inventario de traumas que un drama humano verdaderamente impactante.
Gracias a su energía contagiosa y al puñado de interpretaciones y diálogos absorbentes que la vehiculan, logra algo casi milagroso: que el espectador se intrigue, se divierta y se conmueva con la historia.
Maneja sin reparos todas las convenciones narrativas propias del melodrama judicial prototípico, se las arregla para no resultar insensible u oportunista.
Resulta demoledora por la sutil precisión con la que retrata la miserable existencia de la pequeña. Una película que usa susurros para gritar las emociones más contundentes.