Un 'biopic' de la telepredicadora evangelista Tammy Faye Bakker que se enfoca más en celebrar a su protagonista y exonerarla de cualquier responsabilidad, en lugar de ofrecer una visión más compleja de su vida.
Es una película tan simple, tierna y tosca como las obras más recientes del director, y en ella se detectan algunos de sus vicios más recurrentes como narrador.
Desperdicia por completo su prometedora premisa; no logra generar tensión dramática ni desarrollar personajes mínimamente complejos. En el papel del fotógrafo, Depp ofrece una interpretación excesivamente caricaturesca.
A medida que los personajes se ven obligados a hacer cosas absurdas, la película no solo se rinde ante los recursos más fáciles, sino que también se inunda con un humor que se burla de sí mismo.
Kinberg no solo reutiliza los mismos temas y conflictos que han estado en el centro de la saga desde su inicio, sino que también lo hace de manera apresurada, lo que transmite una sensación de insignificancia.
Chaves se conforma con asustarnos a través de una serie de clichés y giros predecibles, sin demostrar ningún interés por crear una atmósfera de tensión.
Es una película absolutamente maravillosa un fresco de una sociedad y un tiempo de modestia apabullante, y que aun así derrocha serena épica y sutil emotividad.
El cineasta en su último trabajo emplea la comedia como un caballo de Troya. Sin embargo, la inclinación hacia el sermón perjudica el desarrollo de la película.
¿Qué puede ofrecer a los espectadores inmunizados frente a las provocaciones del danés? Un puñado de ideas genuinamente provocativas desperdigadas a lo largo de un metraje increíblemente exagerado (...) grotesco autorretrato
Igual de efectiva como cine negro que como crónica social de la Argentina de los 70, ofrece un retrato asombrosamente atmosférico de un mundo infectado de amoralidad y paranoia.
Ofrece una reconstrucción tediosa y agarrotada en la que la tensión dramática brilla por su ausencia. La torpeza del director José Padilha alcanza su cénit en un inexplicable montaje final.
Esta secuela ofrece más de lo mismo, pero en una versión más extensa, más elaborada, más dramática y cargada de momentos impactantes. En definitiva, busca alcanzar un estatus épico, y aunque podría lograrlo, no llega a la altura de su predecesora.
'La comuna' presenta una serie de situaciones poco creíbles y personajes que actúan más como títeres de un guion que busca a toda costa conmover al espectador.
Rodada en super 8, aprovecha ese formato para maximizar la creación de atmósferas y, en el proceso, no necesita abusar de golpes de efecto ni recurrir al gore para resultar genuinamente inquietante.
Es un biopic competente aunque no deja una huella perdurable. El esfuerzo de Depp por sumergirse en su papel mediante múltiples capas de maquillaje y prótesis resulta inquietante, pero esta vez, por razones adecuadas.
Un escenario terrorífico, que podría haber servido de efectivísimo marco para hablar de las maldades de la dictadura chilena si el director no hubiera preferido trivializarlo de varias maneras.