La película transmite una profunda sensación de tedio. No parece decidir si enfocarse en las operaciones clandestinas de los espías o en el drama familiar de uno de los personajes. Como resultado, no logra generar interés en ninguno de los dos aspectos.
Obra a la vez urgente y meditabunda, romántica pero pragmática, llena de melancolía y también de alegría de vivir. Posiblemente, la mejor película del francés Christophe Honoré.
Ofrece una colección de deslumbrantes imágenes y una concienzuda voluntad de trascender etiquetas para prestar atención a los individuos que hay tras ellas.
Brad Pitt está definitivamente de regreso en un estupendo drama de ciencia-ficción que puede definirse como una versión apócrifa de 'El corazón de las tinieblas'.
Regreso a un cine elemental, resulta hipnótica aunque algo predecible en su enfoque formal y en los paralelismos que establece entre el viaje exterior y el interior.
El director arrastra una historia débil que no logra ser sepultada completamente bajo el insoportable peso de sus propias ambiciones. Aunque se esfuerza, el resultado final queda muy por debajo de lo esperado.
Mientras evoca a Ozu y Antonioni, 'Columbus' se revela como una fascinante exploración de cómo las estructuras físicas pueden reflejar los referentes emocionales de nuestras vidas.
La película intenta fusionar el cine de superhéroes con la estética de las artes marciales, pero no consigue establecer una conexión efectiva entre ambos géneros.
Un entretenimiento agresivamente olvidable, pero impecablemente presentado gracias a un trabajo de animación excepcional. Aunque su falta de ambición es cuestionable, cumple con lo que se propone de manera efectiva.
La película muestra la elegancia visual característica del director. Sin embargo, Wong Kar Wai tiene dificultades para desarrollar narrativas coherentes, lo que lleva a que The Grandmaster se sienta como un rompecabezas incompleto.
Keanu Reeves debuta como director de artes marciales con una propuesta más que competente, ofreciendo una sinfonía de golpes que mezcla elegancia, brutalidad y un genuino amor por el género. Las peleas son impresionantes; ¿realmente importa si el resto no está a la altura?
Se trata de una película consistentemente ridícula, a menudo pedestre y, por tanto, absolutamente disfrutable que, eso sí, carece de la inspiración estilística o la capacidad para la reinvención genérica de su padrino [Tarantino], o de los padrinos de éste.
Ofrece un puñado de secuencias de acción implacables y elegantes que configuran algo así como una sinfonía visual de la brutalidad física, presentándose como una película autoconscientemente trivial, una irresistible carta de amor al cine de serie B.