El recurso narrativo resulta repetitivo y, dado que la película ha sido producida por el propio Pelé, su inevitable cameo se siente un poco incómodo y hasta sonrojante.
Con 'Mr. Turner', el director británico presenta una de sus mejores películas y demuestra que un biopic no tiene por qué convertir la vida de su protagonista en un mero cliché.
W.E. no refleja amor por el cine, sino más bien una sobreexposición mal digerida a anuncios de cosméticos y perfumes, así como a películas como 'In the Mood for Love'. Además, se presenta una errática celebración de la frivolidad y el materialismo, que se muestran como sinónimos de buen gusto.
Resulta complicado determinar si Phoenix se burla de nosotros o si realmente ha perdido la cordura. Sin embargo, teniendo en cuenta lo divertida, extraña y curiosamente sofisticada que es la película, ¿qué más importa?
No se encuentra la destreza que previamente había demostrado el director iraní para transmitir emociones, ni su talento para conmovernos sin caer en un sentimentalismo evidente.
Los directores demuestran una notable habilidad para orquestar diversas subtramas con un ritmo lubitschiano. Sin embargo, los chistes no logran impactar. Se siente como un banquete bien organizado, pero con una comida que carece de sabor.
Parece confirmar la determinación de Brandon Cronenberg de erigirse en un cineasta aún más extremo que su padre. Lástima que ese afán por provocar, fascinante hasta que se vuelve tedioso y pueril, sea todo cuanto la nueva película tiene que ofrecer.
Articula con vaguedad sus inquietudes sobre el cambio climático. Que Cronenberg desee evocar sus viejas épocas no es necesariamente negativo, sin embargo, para el espectador interesado en ello, lo más recomendable es que regrese a las obras originales.
La cantidad de incidentes impactantes es tan abultada que ninguno de ellos logra causar una verdadera impresión. Es una película que ofrece un entretenimiento vistoso, pero que no resiste un análisis más detallado.
Logra ser aterradora sin necesidad de recrearse en imágenes escabrosas, y dejando que sean los interrogantes que envuelven la dolencia lo que nos suma en la inquietud.
Si en su último tercio degenera en una cacofonía de sustos más bien típica, el énfasis previo en la construcción de personajes y en el control del ritmo permite a la película retener su pegada.
Radiografía sin brío de la gran crisis financiera mundial. Nunca cae en el didactismo, pero esto ocurre a costa de no ofrecer explicaciones mínimas, quedándose en lo vago y lo abstracto.