La película cuenta con un gran atractivo: Nicolas Cage, quien en esta ocasión grita, ríe a carcajadas y aúlla, brindando una actuación deliciosamente demencial que no se veía en mucho tiempo.
Lecciones de amor para tontos carece de la profundidad necesaria. A pesar del gran talento actoral, no logra enmascarar la falta de contenido y la insistencia en abordar temas que pocos se detendrían a cuestionar.
No es elitista, ni progresista, ni machista, ni feminista; o tal vez sea un poco de todo. La película tiene un enfoque misántropo, lo que podría considerarse una respuesta razonable al absurdo de la vida actual.
Feminismo confuso. No se percibe malicia, pero hay un gran despiste. El problema radica en que las opiniones de Trier no siempre coinciden con lo que se entiende al observar la vida de la protagonista.
Relato de un ingenio y un efectivo sentido del humor que de ningún modo traicionan la seriedad del asunto. Ese equilibrio preciso entre vis cómica y hondura emocional es la gran baza de la película.
Stewart utiliza un humor sorprendentemente suave, se enfoca en los blancos más sencillos y recurre a una serie de clichés que limitan la capacidad de algunos personajes para mostrar personalidades únicas, mientras que otros se convierten en simples caricaturas.
Cédrick Klapisch explora la soledad en la vida urbana y ofrece una reflexión sobre la alienación provocada por la tecnología, aunque su enfoque llega algo tarde.
Un genio de la comedia llamado Michel Houellebecq. El controvertido escritor y Gérard Depardieu brillan como émulos de Laurel y Hardy en 'Thalasso', hilarante secuela de 'El secuestro de Michel Houellebecq'.
Plantea cuestiones complejas sobre las relaciones entre padres e hijos con asombrosa simplicidad y se erige en un seductor retrato del gozo y el dolor, así como de la comedia y la tragedia.
Legrand intenta satirizar la incorrección política al criticar el altruismo mal entendido. Sin embargo, resulta lamentable que utilice diálogos superficiales, chistes predecibles y un personaje principal completamente poco desarrollado.
Se pierde en una maraña narrativa. Bertucelli captura a Catherine Deneuve desde todos los ángulos, pero no le ofrece mucho más que fumar cigarrillos y beber té.
La película aborda temas de dificultades económicas y depresiones profundas, pero logra mantener un equilibrio que evita lo abrumador. Esto se debe a la habilidad del debutante para combinar la comedia ácida, las aventuras del crimen y un enfoque de realismo social que enriquece la narrativa.
El director Martin Provost termina dañando la aguda capacidad de observación que muestra en la primera mitad de la narración, al recurrir en exceso al sentimentalismo.
Lidia con demasiados personajes, intrigas y subtramas como para ahondar en ninguno de ellos como merecería, pero aun así ofrece un paseo razonablemente intrigante.
Aqueja un problema esencial: no tiene ni idea de qué película quiere ser. El relato va oscilando entre el presente y el pasado y no solo no esconde la falta de lógica y de verdad emocional, sino que en última instancia la enfatiza.
Pueriles juegos de palabras, sonrojantes chistes picantes. Actrices con el talento y la trayectoria de Shirley MacLaine y Jessica Lange merecen algo mejor.
Por un lado, peca de excesiva contención; por otro, cae en el exceso. A veces, se percibe una falta de intensidad y el humor que utiliza es tan sutil que a menudo parece desvanecerse.