Con 'Mr. Turner', el director británico presenta una de sus mejores películas y demuestra que un biopic no tiene por qué convertir la vida de su protagonista en un mero cliché.
W.E. no refleja amor por el cine, sino más bien una sobreexposición mal digerida a anuncios de cosméticos y perfumes, así como a películas como 'In the Mood for Love'. Además, se presenta una errática celebración de la frivolidad y el materialismo, que se muestran como sinónimos de buen gusto.
Resulta complicado determinar si Phoenix se burla de nosotros o si realmente ha perdido la cordura. Sin embargo, teniendo en cuenta lo divertida, extraña y curiosamente sofisticada que es la película, ¿qué más importa?
Los directores demuestran una notable habilidad para orquestar diversas subtramas con un ritmo lubitschiano. Sin embargo, los chistes no logran impactar. Se siente como un banquete bien organizado, pero con una comida que carece de sabor.
Es toscamente melodramática. Sin embargo, ha sido creada con el propósito de resaltar el drama de las niñas forzadas a contraer matrimonio en una sociedad como la de Yemen. Dentro de estos parámetros, logra ser rotundamente efectiva.
Articula con vaguedad sus inquietudes sobre el cambio climático. Que Cronenberg desee evocar sus viejas épocas no es necesariamente negativo, sin embargo, para el espectador interesado en ello, lo más recomendable es que regrese a las obras originales.
La cantidad de incidentes impactantes es tan abultada que ninguno de ellos logra causar una verdadera impresión. Es una película que ofrece un entretenimiento vistoso, pero que no resiste un análisis más detallado.
Si en su último tercio degenera en una cacofonía de sustos más bien típica, el énfasis previo en la construcción de personajes y en el control del ritmo permite a la película retener su pegada.
Radiografía sin brío de la gran crisis financiera mundial. Nunca cae en el didactismo, pero esto ocurre a costa de no ofrecer explicaciones mínimas, quedándose en lo vago y lo abstracto.
Se esfuerza principalmente en ser una película de acción. A menudo funciona como un emoticono, presentándose como una versión simplificada de su modelo. Su mayor mérito es recordarnos los placeres de pasar un par de horas con la televisión apagada, disfrutando de un buen libro.
Es más grande y más ruidosa que su predecesora, centrándose en ser como cualquier otra secuela de 'Rocky': competente, entretenida y algo rutinaria. Ha quedado claro que la fórmula funciona.
Versión simplificada de los mejores trabajos de los maestros Hayao Miyazaki e Isao Takahata, resulta encantadora y, en ocasiones, incluso cautivadora. No necesita más.