A menudo se siente más como el episodio piloto de una sitcom que un largometraje, aunque al menos es una sitcom que logra entretener sin menospreciar nuestra inteligencia.
Hess concibe cada personaje como una simple colección de peculiaridades. Sus criaturas están tan sobrecargadas de malas ideas que resulta complicado entender cuál es el verdadero chiste.
La maestría de Tran a la hora de transmitir lo sensorial a través de imágenes y sonidos no solo permite que al ver la película, literalmente, se nos haga la boca agua; también llena de sobrecogedora elocuencia su retrato de un amor
Lo que dota a esta extraña película de su belleza, brutalidad emocional y poder conmovedor es Cage, cuyo trabajo transmite misterio, ternura y rabia reprimida.
Mungiu brilla con 'Graduación', tejiendo una compleja red de dilemas morales con precisión y sobriedad, mostrando el desinterés por juzgar que ya demostró en '4 meses, 3 semanas y 2 días'.
Algunos de los métodos cómicos que utiliza son artificiales, sin embargo, la película es valiosa como muestra de que el cine enfocado en la vida de personas en situación de pobreza puede conmover profundamente sin recurrir a la desesperanza.
Lecciones de amor para tontos carece de la profundidad necesaria. A pesar del gran talento actoral, no logra enmascarar la falta de contenido y la insistencia en abordar temas que pocos se detendrían a cuestionar.
Feminismo confuso. No se percibe malicia, pero hay un gran despiste. El problema radica en que las opiniones de Trier no siempre coinciden con lo que se entiende al observar la vida de la protagonista.
Deliberadamente histérica, engolada, hortera y tramposa. Como ejercicio intelectual es impecable, pero sentarse frente a ella proporciona una experiencia muy irritante. Es fácil adivinar qué respondería el director al respecto: de eso se trata.
Stewart utiliza un humor sorprendentemente suave, se enfoca en los blancos más sencillos y recurre a una serie de clichés que limitan la capacidad de algunos personajes para mostrar personalidades únicas, mientras que otros se convierten en simples caricaturas.
Es más grande y más ruidosa que su predecesora, centrándose en ser como cualquier otra secuela de 'Rocky': competente, entretenida y algo rutinaria. Ha quedado claro que la fórmula funciona.
Película inagotablemente sorprendente, hilarante y conmovedora, que invita a múltiples reflexiones y consolida a Roy Andersson como un cineasta excepcional.
Echa mano de una paleta visual deslumbrante para compensar una narración algo formularia. Dada la mediocridad general de sus producciones más recientes de Pixar, 'Coco' solo puede considerarse un resurgir.