Lemmings muestra una notable prudencia en el tratamiento de la violencia, aunque en otros aspectos, "Harriet" se siente algo rudimentaria. Es digna de reconocimiento por sus conceptos, pero problemática en la manera de plasmarlos.
La naturaleza episódica de la historia, junto con la falta de contextualización por parte del director Hugo Prata, resulta en una narración débil, donde la única pieza que logra cohesionarla un poco son las canciones.
Resulta complicado determinar si Phoenix se burla de nosotros o si realmente ha perdido la cordura. Sin embargo, teniendo en cuenta lo divertida, extraña y curiosamente sofisticada que es la película, ¿qué más importa?
Es toscamente melodramática. Sin embargo, ha sido creada con el propósito de resaltar el drama de las niñas forzadas a contraer matrimonio en una sociedad como la de Yemen. Dentro de estos parámetros, logra ser rotundamente efectiva.
La cantidad de incidentes impactantes es tan abultada que ninguno de ellos logra causar una verdadera impresión. Es una película que ofrece un entretenimiento vistoso, pero que no resiste un análisis más detallado.
Es más grande y más ruidosa que su predecesora, centrándose en ser como cualquier otra secuela de 'Rocky': competente, entretenida y algo rutinaria. Ha quedado claro que la fórmula funciona.
El único ingrediente esencial es la química entre Smith y Lawrence. Los mejores momentos son aquellos en los que la película muestra un humor autoconsciente. Lamentablemente, estos momentos no son suficientes y no suenan realmente sinceros.
Material para desguace. Los 'gags' son repetitivos y no particularmente graciosos, además de presentar giros argumentales erráticos. Las secuencias de acción están filmadas de manera poco competente.
La película presenta una serie interminable de persecuciones, cadáveres y explosiones, lo que puede volverse tedioso. La acción, que intenta ser espectacular, carece de la originalidad que presume, y cada escena se siente excesivamente alargada.
El tipo de fantasía medieval que podría crear un niño con déficit de atención resulta poco convincente, incluso en las escenas de tortura. La trama pierde ritmo y se vuelve excesivamente monótona.
El problema fundamental de la película no radica tanto en la vulgaridad de su humor, sino en la apatía y la falta de ritmo con la que el director David Bowers lo ejecuta.
Funciona como retrato elocuente y nada tremendista de esa América traicionada por los políticos que les prometieron la luna. Estupendo trabajo del actor Simon Rex.
Una atmósfera en la que cada momento y cada personaje derrochan emociones en crudo. Se trata, pues, de una película extremadamente sutil y sensible, y tan tierna como devastadora.