Chistes destinados a demostrar que las mujeres pueden ser tan vulgares y marranas como los hombres, aderezados de sentimentalismo barato y de una visión deprimentemente carca de la familia.
80 de los minutos más hilarantes vividos en un festival de cine en mucho, mucho tiempo. (...) una película de precisión milimétrica y un timing endiablado.
Albaladejo desarrolla a sus personajes con trazos simples y contundentes. Las situaciones se construyen de manera abrupta y caprichosa, lo que provoca que la narrativa avance de un modo tan predecible como artificial.
La visión de Affleck se enfoca en la intimidad en lugar de en el espectáculo. Aunque el relato tiende a ser esquemático y repetitivo, se van sumando momentos fascinantes que logran mantener el interés.
Montajes que yuxtaponen el pasado y el presente de forma visualmente atractiva, pero que no compensan ni la torpeza narrativa, ni los momentos artificialmente melodramáticos ni un plantel de personajes insustanciales.
La película recurre a estereotipos y caricaturas, así como a una artificiosidad narrativa y emocional que evita profundizar en reflexiones significativas, lo que la hace superficial y poco arriesgada.
Lo que dota a esta extraña película de su belleza, brutalidad emocional y poder conmovedor es Cage, cuyo trabajo transmite misterio, ternura y rabia reprimida.
El resultado resulta francamente irritante por lo evidente y superficial que es el humor, una característica que la tosquedad visual y narrativa típica de la pareja contribuye a acentuar.
Se presenta como una obra densa pero ligera, equilibrando lo intelectual con lo cotidiano. Utiliza principios filosóficos para fundamentar su narrativa, mientras que, al mismo tiempo, juega hábilmente con diversas formas de comedia.
Algunos de los métodos cómicos que utiliza son artificiales, sin embargo, la película es valiosa como muestra de que el cine enfocado en la vida de personas en situación de pobreza puede conmover profundamente sin recurrir a la desesperanza.
Feminismo confuso. No se percibe malicia, pero hay un gran despiste. El problema radica en que las opiniones de Trier no siempre coinciden con lo que se entiende al observar la vida de la protagonista.
El único público adecuado para ‘Downhill’ son aquellos espectadores que ni han visto ni han oído hablar de ‘Fuerza mayor’, y que en cualquier caso harían mejor si trataran de subsanar esa falta.