Se presenta como una obra densa pero ligera, equilibrando lo intelectual con lo cotidiano. Utiliza principios filosóficos para fundamentar su narrativa, mientras que, al mismo tiempo, juega hábilmente con diversas formas de comedia.
Todo queda compensado con la atención al detalle que su retrato de la marginalidad bonaerense exhibe, mientras combina ingredientes propios del cine social en torno a un penetrante estudio psicológico.
Kevin Hart reutiliza su repertorio de tics maniáticos para interpretar un personaje que hemos visto en películas anteriores. La trama resulta ser increíblemente desorganizada y, además, innecesariamente complicada.
Mungiu brilla con 'Graduación', tejiendo una compleja red de dilemas morales con precisión y sobriedad, mostrando el desinterés por juzgar que ya demostró en '4 meses, 3 semanas y 2 días'.
Otra de esas películas amables pero olvidables que Allen parece dirigir con los ojos cerrados. No le pasa nada particularmente grave, pero tampoco posee nada a lo que realmente hincarle el diente.
La película cuenta con un gran atractivo: Nicolas Cage, quien en esta ocasión grita, ríe a carcajadas y aúlla, brindando una actuación deliciosamente demencial que no se veía en mucho tiempo.
Algunos de los métodos cómicos que utiliza son artificiales, sin embargo, la película es valiosa como muestra de que el cine enfocado en la vida de personas en situación de pobreza puede conmover profundamente sin recurrir a la desesperanza.
Lecciones de amor para tontos carece de la profundidad necesaria. A pesar del gran talento actoral, no logra enmascarar la falta de contenido y la insistencia en abordar temas que pocos se detendrían a cuestionar.
No es elitista, ni progresista, ni machista, ni feminista; o tal vez sea un poco de todo. La película tiene un enfoque misántropo, lo que podría considerarse una respuesta razonable al absurdo de la vida actual.
Feminismo confuso. No se percibe malicia, pero hay un gran despiste. El problema radica en que las opiniones de Trier no siempre coinciden con lo que se entiende al observar la vida de la protagonista.
Relato de un ingenio y un efectivo sentido del humor que de ningún modo traicionan la seriedad del asunto. Ese equilibrio preciso entre vis cómica y hondura emocional es la gran baza de la película.
Deliberadamente histérica, engolada, hortera y tramposa. Como ejercicio intelectual es impecable, pero sentarse frente a ella proporciona una experiencia muy irritante. Es fácil adivinar qué respondería el director al respecto: de eso se trata.
Stewart utiliza un humor sorprendentemente suave, se enfoca en los blancos más sencillos y recurre a una serie de clichés que limitan la capacidad de algunos personajes para mostrar personalidades únicas, mientras que otros se convierten en simples caricaturas.
Borensztein fusiona el humor costumbrista con la sátira social, logrando una película que resulta bastante entretenida, aunque también se siente excesivamente formulaica.
Cédrick Klapisch explora la soledad en la vida urbana y ofrece una reflexión sobre la alienación provocada por la tecnología, aunque su enfoque llega algo tarde.
Un genio de la comedia llamado Michel Houellebecq. El controvertido escritor y Gérard Depardieu brillan como émulos de Laurel y Hardy en 'Thalasso', hilarante secuela de 'El secuestro de Michel Houellebecq'.