García Velilla demuestra haber superado ciertos tics y ritmos catódicos pero sus intentos de costumbrismo se ven entorpecidos por la falta de acidez y por personajes que basculan entre la carne y el hueso y la mera caricatura.
La última película del creciente imperio de Judd Apatow no es tan consistente como las que él mismo ha dirigido, pero, como aquellas, es un ejemplo de la última 'minimoda' en el cine: comedia romántica para chicos.
Cornish compensa su falta de imaginación visual con la energía y el entusiasmo que derrocha. Es el tipo de película que encantará a los niños de 12 años y hará que los adultos recuerden con nostalgia esa etapa.
Es lógico que aspire a ser un reflejo de su predecesora, aunque esta sea mediocre. Todo lo que ofrece son unos niños que corren a través de una trama amorfa, que no logra mantener nuestra atención.
La mejor película de Paul Schrader en 15 años es una obra llena de dolor e ira contenida, otro de sus grandes estudios sobre la desesperación y la soledad espirituales.
Es difícil recordar otra película tan precisa en la representación de la discusión entre dos personas que se aman. Con esta última entrega, la serie logra una magnitud realmente épica, convirtiéndose en uno de los más destacados retratos de la agridulce experiencia romántica.
Lo que dota a esta extraña película de su belleza, brutalidad emocional y poder conmovedor es Cage, cuyo trabajo transmite misterio, ternura y rabia reprimida.
Todo queda compensado con la atención al detalle que su retrato de la marginalidad bonaerense exhibe, mientras combina ingredientes propios del cine social en torno a un penetrante estudio psicológico.
Algunos de los métodos cómicos que utiliza son artificiales, sin embargo, la película es valiosa como muestra de que el cine enfocado en la vida de personas en situación de pobreza puede conmover profundamente sin recurrir a la desesperanza.
No es elitista, ni progresista, ni machista, ni feminista; o tal vez sea un poco de todo. La película tiene un enfoque misántropo, lo que podría considerarse una respuesta razonable al absurdo de la vida actual.
Deliberadamente histérica, engolada, hortera y tramposa. Como ejercicio intelectual es impecable, pero sentarse frente a ella proporciona una experiencia muy irritante. Es fácil adivinar qué respondería el director al respecto: de eso se trata.
El único público adecuado para ‘Downhill’ son aquellos espectadores que ni han visto ni han oído hablar de ‘Fuerza mayor’, y que en cualquier caso harían mejor si trataran de subsanar esa falta.
La película aborda temas de dificultades económicas y depresiones profundas, pero logra mantener un equilibrio que evita lo abrumador. Esto se debe a la habilidad del debutante para combinar la comedia ácida, las aventuras del crimen y un enfoque de realismo social que enriquece la narrativa.