A lo largo de gran parte de la película, los espíritus que acechan a los Lambert parecen ser reflejos de traumas familiares. Los sustos que siguen se reducen a ruidos imprevistos y efectos poco elaborados.
No presenta muchas innovaciones en comparación con las anteriores entregas, pero Kitano sigue demostrando su destreza al fusionar el minimalismo visual y la narrativa contenida con acertados toques de humor absurdo.
El director vuelve a demostrar su habilidad para crear suspense de varias formas mientras derrocha autoconsciencia sobre la ridiculez que el relato derrocha.
Panahi retrata una sociedad atrapada en el patriarcado, utilizando su característico humanismo y evitando emitir juicios, lo cual produce en el espectador una profunda y gratificante empatía.
Es una película casi completamente carente de actitud, ya que Ross no logra inyectar ni una pizca de energía en la narración ni tampoco consigue hacer que sus protagonistas resulten interesantes.
Transita de forma casi siempre jovial entre géneros y tonos; y en el proceso plantea con sutileza inquietudes de clase, lazos sanguíneos problemáticos y reflexiones de peso.
Desde una perspectiva acrobática, es impresionante por un tiempo, pero eventualmente se vuelve agotador, vulgar e incómodo para aquellos que son sensibles al mareo.
Quienes busquen un desenlace repleto de acción podrían sentirse decepcionados. 'Sinsajo parte 2' resulta monótono y tiene más finales que 'El retorno del rey', ninguno de los cuales logra ofrecer una conclusión satisfactoria.
El ‘Joker’ se inmola en un musical que carece de rumbo. Es una obra que, en gran parte, resulta inerte, ya que las canciones que se presentan no logran reflejar las psicologías de los personajes, sino que se utilizan más bien para liberar al espectador del aburrimiento.
El resultado final es notable como manifestación de un director que busca actuar según su propio criterio. Sin embargo, carece de la originalidad, la valentía y el atractivo artesanal que caracterizaban a su obra anterior.
Presenta una gran cantidad de personajes y conceptos interesantes, pero al final se siente más como una recopilación de escenas entretenidas que como una obra unificada.
Que esta tercera entrega se considere la menos ridícula de la saga no significa que no conserve ese elemento. Las escenas de acción caen en la repetitividad y carecen de la energía necesaria para mantener el interés.
Casi idéntica a sus predecesoras, esta entrega presenta una notable inconsciencia sobre su propia falta de profundidad. La estética techno-gótica, que ya lleva décadas desfasada, se repite sin renovación, y la falta de iluminación es nuevamente evidente.
A nivel argumental, la nueva película introduce leves variaciones que son claramente negativas. Su estructura tiende a ser repetitiva y ciertos elementos de la trama resultan confusos. Además, las canciones no aportan valor narrativo.