Que esta tercera entrega se considere la menos ridícula de la saga no significa que no conserve ese elemento. Las escenas de acción caen en la repetitividad y carecen de la energía necesaria para mantener el interés.
A lo largo de gran parte de la película, los espíritus que acechan a los Lambert parecen ser reflejos de traumas familiares. Los sustos que siguen se reducen a ruidos imprevistos y efectos poco elaborados.
Cortés mantiene nuestra atención en el interior de la caja, transmitiendo intensos sentimientos de miedo, rabia y frustración. Su verdadero propósito no es estimular la mente del espectador, sino alterar sus nervios, y lo logra de manera extraordinaria.
Para compensar la carencia de originalidad, los diálogos tontos y los agujeros en la trama, se destacan las impresionantes acrobacias de La Roca. Sin embargo, estas acrobacias no logran transmitir la tensión esperada.
Se expresa fundamentalmente a través del lenguaje visual, presentando composiciones meticulosas y utilizando técnicas como el desenfoque y los primeros planos para intensificar la tensión dramática.
A veces se convierte en una simple serie de experimentos formales. La directora parece no mostrarnos la verdadera esencia de sus dos protagonistas, llegando al punto de que uno casi quisiera que la historia terminara rápidamente.
Ofrece suficientes alicientes para los que busquen deleitarse con el vistoso atrezo o perderse en sus giros argumentales, pero carece del tipo de intrepidez formal o de ingenio narrativo necesario para otorgarse a sí misma una razón de ser del todo convincente.
A pesar de las impresionantes imágenes, los diálogos carecen de emoción y los giros de la trama son confusos. Además, los personajes son tan planos que hace difícil conectar con la historia.
Será vista por unos como la prueba fehaciente del genio insobornable de su autor y por otros como una obra aplastada por sus propias pretensiones. (...) logra reivindicar a Snyder de una forma no exenta de ironía.
La mejor película protagonizada por tortugas ninja hasta la fecha exhibe un estilo visual vibrante que irradia energía e ingenio en cada imagen y en todas las impactantes secuencias de acción.
Angustiosa película que logra plasmar un peligroso espacio tanto físico como mental, exhibiendo una notable eficacia en la creación de tensión dramática.
Es una obra magnífica, donde lo relevante no es la historia en sí, ya conocida; lo que realmente destaca es la habilidad de Noah Baumbach y su elenco para transmitirla con gran sutileza.
Obra maestra rotunda e indiscutible una sucesión de exuberantes intercambios de diálogos, y de 180 minutos de metraje tan íntimos como absolutamente monumentales.