El problema con 'Paradise: Love' es que dedica escaso tiempo a reflexionar sobre las cuestiones que plantea. Desde el inicio, queda claro que su único objetivo es provocar, ruborizar e incomodar al espectador.
La descripción del orgullo del colono blanco, que se encuentra profundamente arraigada en el paisaje narrativo y visual, es magistralmente encarnada por Isabelle Huppert. Su actuación es una verdadera maravilla.
Martin-Laval frecuentemente utiliza situaciones poco probables que añaden un toque extra de sentimentalismo y dramatismo, lo que convierte una historia ya de por sí emotiva en algo que roza el 'kitsch'.
No es más ni menos de lo que se espera del cine de Aki Kaurismäki. A estas alturas, no tiene sentido esperar un ápice de innovación de él, pero ¿qué importa? Si generalmente lo que hace lo ejecuta muy bien.
Vinterberg no aporta sorpresas narrativas ni plantea debates significativos. A pesar de un relato enérgico, revela tanto su habilidad como narrador como su falta de profundidad.
Suple la falta de originalidad de su diseño narrativo con su eficacia en la ejecución. Lamentablemente, en algunos momentos intenta suavizar la personalidad de Israel a través del sentimentalismo.
Elocuente y tierna, a la vez tan triste como bella. Es lamentable que hayan optado por adornarla con una voz en 'off' innecesaria y una banda sonora repleta de canciones que parecen sacadas de playlists recomendadas por Spotify para viajes por carretera.
Las referencias de Ferry se alejan progresivamente de 'Máximo riesgo' para acercarse a 'Deliverance'. La sugestión amenazante da paso a una explicitación ridícula y grotesca.
Kawamura recurre en exceso al melodrama y a la sobreactuación, sin embargo, logra equilibrarlo al otorgar a la película una notable sofisticación estética, un cuidadoso uso de los símbolos y un montaje impresionista.
Su existencia es una buena noticia, ya que representa un regreso festivo por parte de su director. Sin embargo, también evidencia que es mejor contar con la cercanía de su hermano.
Los hermanos belgas logran acercarse a lo mejor de su carrera con la conmovedora historia de dos jóvenes inmigrantes africanos. Su inigualable sentido de la economía narrativa asegura que cada escena de la película sea necesaria y relevante.
Una obra definitivamente austera, a la que no sobra ni una escena ni un solo gesto dramático, y que aun así se muestra rebosante de sustancia sobre la que hacernos meditar (...) y de capacidad para hacernos un nudo gigantesco en la garganta.
Su metraje avanza con lentitud y la película no logra alcanzar la intensidad dramática necesaria. Además, sus escasas virtudes se ven opacadas por sus excesos.
Evita juicios a la hora de retratar cómo la tecnología ha transformado el romanticismo, mostrando un desenfado y una sensualidad que son excepcionales en la obra de su director.
Formularia y predecible. Aunque las escenas de carreras son deslumbrantes, 'Le Mans ’66' resulta ser una película vacía. Hasta la saga 'Fast & Furious' tiene más alma.
Magnífico western. Reichardt confirma una vez más que su método narrativo minimalista no está reñido con la creación de suspense ni con su infinita capacidad para conmover.