Sin la originalidad del enfoque de la primera entrega y, lamentablemente, careciendo de su ritmo en las secuencias de acción, la película resulta entretenida, pero poco más.
Sin demasiado más que ofrecer, el resultado apenas se sostiene por la enorme potencia actoral de su elenco, pero cae por el propio peso de la forma burda con la cual enaltece los valores de la unión y la familia.
Una ópera prima bastante sólida y eficaz, pero que no puede quitarse la mochila cargada de lugares comunes de ese cine indie pensado para el festival creado por Robert Redford.
Chucky regresa de manera más que convincente. Lejos de ser una simple renovación, la nueva versión de la historia de Chucky ofrece una ampliación de significados en comparación con la original.
El filme presenta sus elementos de manera descuidada, propio de muchas películas de este subgénero, y su único propósito parece ser la explotación visual de la India.
Aunque con menor impacto que la película original, esta secuela ofrece citas, referencias y humor negro suficientes para satisfacer a los amantes de la incorrección política.
Otra película que explora reencuentros familiares y relaciones disfuncionales, repleta de lugares comunes y con limitaciones evidentes que se asemejan al teatro filmado.