Aunque la historia genera intriga, su presentación superficial la convierte en poco más que una película simpática. Sin embargo, su falta de profundidad no impide disfrutar de un buen rato entretenido.
El ritmo acelerado, la espectacularidad de las batallas y enfrentamientos, así como la rareza de algunos ‘marcianos’ que habitan esos mundos, junto con la música enérgica, brindan tanto entretenimiento como las incisivas frases de los diálogos.
Una maravilla que ilumina la infancia y asombra a los adultos. Es tan excepcional que incluso se permite el lujo de no perturbar al espectador durante su visualización.
Como drama, podría parecer abrumador, pero logra transformarse en un melodrama sensible, que se enfoca en resaltar lo sentimental sin la malicia necesaria para arruinarle la experiencia a un espectador sensible.
Hay que ser muy canalla para no condolerse con los personajes de los Dardenne y los infortunios que les tiene preparado el guion. Ver esta película es un antihistamínico para las alergias y los rechazos.
Una historia peripatética. A lo largo del filme, se desarrolla a un ritmo pausado y contemplativo. El tiempo transcurre y se puede reconocer que Nápoles es una ciudad sublime para explorar, incluso si eso implica sumergirse en el pasado.
Una comedia francesa excelentemente tramada y gozosamente interpretada para el espectador. Hora y media divertida, juguetona, con picardías y recelos hilarantes, a pesar de que estén al borde de lo dramático.
Una película luminosa y mediterránea, a pesar de la oscuridad que cargan sus personajes. El trabajo de Ripoll es directo, sin añadir malicia ni complicaciones al relato. Se destaca por su claridad argumental.
La sensación de estar en una película adecuada es completa. Sin exceso de picante, ni de vinagre y con un encanto natural que no despeina pero entretiene.
Sin llegar a lo aburrido, pues tiene ritmo y muchos adverbios en la imagen, se queda un poco allá, en esa zona que si quieres mirar, miras, y si no quieres mirar, pues no miras.
El argumento está impregnado de experiencias. Vicky Luengo, Carolina Yuste, Elisabet Casanovas y Ángela Cervantes aprovechan al máximo la cruda realidad que presenta la película.
Una narración paseante, peripatética, con una puesta en escena sencilla. El texto, preciso, intenso, ligero y rebosante, genera intriga, curiosidad y el deseo de continuar. Las tres actrices logran una rima perfecta.
Visualmente aprovecha los espacios y ofrece momentos brillantes y hermosos; sin embargo, la trama resulta un tanto escurridiza y sugerente. El director carece de ese toque innovador que podría hacerla más impactante.
El relato es tenso, de intriga creciente, de terror controlado, de emociones secas. Zambrano lo filma con desolación, evocando el secarral y la miseria, tanto física como moral. Las interpretaciones son notables.
Nada insólito dentro de un habitual retrato generacional, pero lleno de ese estilo y ese musgo irritante del cine de Dolan, en el que lo «normal» nunca está a foco.
El tono de suave comedia, de aventura ácrata y de «road movie» sentimental pero cargada de aristas le dan al argumento potencia, franqueza, simpatía y dosis calculadas de extravagancia.
Tiene la ventaja de ser francesa, lo que la engrandece con un buen gusto que hace que lo cotidiano se sienta cercano y reconocible. Sin embargo, las pequeñas tramas entre los personajes no se desarrollan ni de manera satisfactoria ni insatisfactoria.
La película presenta un desarrollo argumental limitado, pero logra transmitir una profunda emoción en cada escena protagonizada por Hanks. Más que un biopic, se configura como un pequeño homenaje a una figura realmente extraordinaria.
El texto es ingenioso y divertido. Además, resulta fresco gracias a las interpretaciones de la Orden, que son claves. La dirección muestra una atención particular a la efectividad del primer plano y mantiene un equilibrio entre lo trágico y lo cómico.