Chang-dong demuestra su maestría en equilibrar lo lírico con lo abrupto. El sentido del humor y del melodrama están cuidadosamente ajustados, gracias a una interpretación excepcional de Yun Junghee.
Es de una eficacia abrumadora: se siente tan cercano, cordial, temperamental y genial al político catalán como también cercana, amenazante y devastadora a la enfermedad.
Mirada poética a un lugar terrible. Brillante y hermoso desenlace. Es una película lenta, ensimismada, reflexiva, que refleja la expresión de desconcierto de la protagonista.
No se aprecia el caudal de sentimientos y los personajes se mueven por impulsos más fabricados que sentidos, pero es interesante ver cómo Chastain y Hathaway dan lo mejor y lo peor de sí mismas.
Aunque la historia genera intriga, su presentación superficial la convierte en poco más que una película simpática. Sin embargo, su falta de profundidad no impide disfrutar de un buen rato entretenido.
El ritmo acelerado, la espectacularidad de las batallas y enfrentamientos, así como la rareza de algunos ‘marcianos’ que habitan esos mundos, junto con la música enérgica, brindan tanto entretenimiento como las incisivas frases de los diálogos.
Una maravilla que ilumina la infancia y asombra a los adultos. Es tan excepcional que incluso se permite el lujo de no perturbar al espectador durante su visualización.
Como drama, podría parecer abrumador, pero logra transformarse en un melodrama sensible, que se enfoca en resaltar lo sentimental sin la malicia necesaria para arruinarle la experiencia a un espectador sensible.
Hay que ser muy canalla para no condolerse con los personajes de los Dardenne y los infortunios que les tiene preparado el guion. Ver esta película es un antihistamínico para las alergias y los rechazos.
Una historia peripatética. A lo largo del filme, se desarrolla a un ritmo pausado y contemplativo. El tiempo transcurre y se puede reconocer que Nápoles es una ciudad sublime para explorar, incluso si eso implica sumergirse en el pasado.
Una comedia francesa excelentemente tramada y gozosamente interpretada para el espectador. Hora y media divertida, juguetona, con picardías y recelos hilarantes, a pesar de que estén al borde de lo dramático.
Una película luminosa y mediterránea, a pesar de la oscuridad que cargan sus personajes. El trabajo de Ripoll es directo, sin añadir malicia ni complicaciones al relato. Se destaca por su claridad argumental.
La sensación de estar en una película adecuada es completa. Sin exceso de picante, ni de vinagre y con un encanto natural que no despeina pero entretiene.
Sin llegar a lo aburrido, pues tiene ritmo y muchos adverbios en la imagen, se queda un poco allá, en esa zona que si quieres mirar, miras, y si no quieres mirar, pues no miras.
El argumento está impregnado de experiencias. Vicky Luengo, Carolina Yuste, Elisabet Casanovas y Ángela Cervantes aprovechan al máximo la cruda realidad que presenta la película.
Una narración paseante, peripatética, con una puesta en escena sencilla. El texto, preciso, intenso, ligero y rebosante, genera intriga, curiosidad y el deseo de continuar. Las tres actrices logran una rima perfecta.
Visualmente aprovecha los espacios y ofrece momentos brillantes y hermosos; sin embargo, la trama resulta un tanto escurridiza y sugerente. El director carece de ese toque innovador que podría hacerla más impactante.
Tres horas y media que se disfrutan con deleite cinematográfico. Scorsese ha construido su película reflejando el alma de su personaje: calmada, leal, cruel, fría y sin remordimientos.
El relato es tenso, de intriga creciente, de terror controlado, de emociones secas. Zambrano lo filma con desolación, evocando el secarral y la miseria, tanto física como moral. Las interpretaciones son notables.