John C. Reilly y Steve Coogan no solo realizan un trabajo físico y químico excepcional, sino que además logran transmitir con gran precisión el interior y la esencia de estos dos magníficos personajes, resaltando la importancia de la fidelidad y el respeto mutuo.
Compagina bien la serenidad narrativa, la descripción y el estado de ánimo, con el nervio de algunos pasajes y el interior y la caricatura de algunos personajes.
Franco descubre una forma singular y fascinante de expresar su amor por el cine a través de un retrato, tan absurdo como cautivador, de uno de los directores más lamentables que han existido.
Llena de acción, entretenimiento, sentimientos hacia esos benditos seres que nos alimentan y de reflexiones no molestas sobre el mundo que nos espera, en el mejor de los casos.
Hay momentos de enorme profundidad y emotividad entre padre e hijo, y un gran texto para reflejar esa imagen en el espejo cóncavo del tiempo y las ilusiones que los separan.
Una historia de aprendizaje, de mundos paralelos, de infancia perpleja. Un esquema donde aprendiz y maestro podrían recordar al rollito Karate Kid, pero que tiene la singularidad de estar muy bien dibujado y mejor narrado.
Es lo mejor de la película, ver a Stallone en la interpretación dramática que el cine le tenía reservada. Michael B. Jordan tiene la hechura suficiente de semipesado como para convertirse en muy pesado en las próximas entregas.
Una historia alentadora, con personajes realistas y con sutiles pinceladas de feminismo, aunque estos elementos se presentan de manera adecuada y sensible.
Richet no solo arrebata lo romántico del lolitismo de la historia, sino que también elimina el toque de comedia elegante y moral, aunque aún conserva la esencia del enredo.
Howard acierta al no limitarse al "aire western" en el duelo entre ellos, para sublimarlo con una fina capa de los aspectos más éticos, deportivos y aconsejables de la rivalidad.
Un comienzo lleno de rabia, que resulta ser lo más destacado del filme. Gran parte de lo que sigue es predecible, aunque eso no le quita atractivo a la trama. Sin embargo, la actuación de la joven Marilou deja mucho que desear.
De lo mejor que ha ofrecido esta edición de Cannes, presenta una buena historia que combina elementos bélicos y éticos, contando con tres personajes bien desarrollados y una dirección muy cuidadosa.
No hay en «Tipos legales» grandes primicias ni originalidades. Sin embargo, la idea de conciliar las acciones de la mafia con la vejez es ingeniosa, y enfrentar esos peligros con nobleza, valentía, estoicismo y un sentido del humor cínico y eficaz resulta interesante.