Nada insólito dentro de un habitual retrato generacional, pero lleno de ese estilo y ese musgo irritante del cine de Dolan, en el que lo «normal» nunca está a foco.
El tono de suave comedia, de aventura ácrata y de «road movie» sentimental pero cargada de aristas le dan al argumento potencia, franqueza, simpatía y dosis calculadas de extravagancia.
Tiene la ventaja de ser francesa, lo que la engrandece con un buen gusto que hace que lo cotidiano se sienta cercano y reconocible. Sin embargo, las pequeñas tramas entre los personajes no se desarrollan ni de manera satisfactoria ni insatisfactoria.
La película presenta un desarrollo argumental limitado, pero logra transmitir una profunda emoción en cada escena protagonizada por Hanks. Más que un biopic, se configura como un pequeño homenaje a una figura realmente extraordinaria.
El texto es ingenioso y divertido. Además, resulta fresco gracias a las interpretaciones de la Orden, que son claves. La dirección muestra una atención particular a la efectividad del primer plano y mantiene un equilibrio entre lo trágico y lo cómico.
John C. Reilly y Steve Coogan no solo realizan un trabajo físico y químico excepcional, sino que además logran transmitir con gran precisión el interior y la esencia de estos dos magníficos personajes, resaltando la importancia de la fidelidad y el respeto mutuo.
Compagina bien la serenidad narrativa, la descripción y el estado de ánimo, con el nervio de algunos pasajes y el interior y la caricatura de algunos personajes.
Franco descubre una forma singular y fascinante de expresar su amor por el cine a través de un retrato, tan absurdo como cautivador, de uno de los directores más lamentables que han existido.
Llena de acción, entretenimiento, sentimientos hacia esos benditos seres que nos alimentan y de reflexiones no molestas sobre el mundo que nos espera, en el mejor de los casos.
Hay momentos de enorme profundidad y emotividad entre padre e hijo, y un gran texto para reflejar esa imagen en el espejo cóncavo del tiempo y las ilusiones que los separan.
En la risa, el dolor, la precaución, la entrega y la decepción que refleja Eva (interpretada por Blanca Parés) se encuentra el verdadero guion de esta película. Está elaborada con gusto y sensibilidad.
Una historia de aprendizaje, de mundos paralelos, de infancia perpleja. Un esquema donde aprendiz y maestro podrían recordar al rollito Karate Kid, pero que tiene la singularidad de estar muy bien dibujado y mejor narrado.
Qué magníficos momentos sobre la ética y la amistad, sobre las incomodidades de estarse muriendo. Siempre intenso, brillante, dramático e irónico, Cesc Gay consigue aquí poner el pie un peldaño más arriba.
Es lo mejor de la película, ver a Stallone en la interpretación dramática que el cine le tenía reservada. Michael B. Jordan tiene la hechura suficiente de semipesado como para convertirse en muy pesado en las próximas entregas.
Una historia alentadora, con personajes realistas y con sutiles pinceladas de feminismo, aunque estos elementos se presentan de manera adecuada y sensible.