Richet no solo arrebata lo romántico del lolitismo de la historia, sino que también elimina el toque de comedia elegante y moral, aunque aún conserva la esencia del enredo.
Howard acierta al no limitarse al "aire western" en el duelo entre ellos, para sublimarlo con una fina capa de los aspectos más éticos, deportivos y aconsejables de la rivalidad.
No es raro que uno pierda la paciencia esperando a que el tedio se transforme en algo relevante. En realidad, genera más confusión y angustia que verdadera emoción, aunque indudablemente es una película extremadamente rigurosa.
Un comienzo lleno de rabia, que resulta ser lo más destacado del filme. Gran parte de lo que sigue es predecible, aunque eso no le quita atractivo a la trama. Sin embargo, la actuación de la joven Marilou deja mucho que desear.
De lo mejor que ha ofrecido esta edición de Cannes, presenta una buena historia que combina elementos bélicos y éticos, contando con tres personajes bien desarrollados y una dirección muy cuidadosa.
No hay en «Tipos legales» grandes primicias ni originalidades. Sin embargo, la idea de conciliar las acciones de la mafia con la vejez es ingeniosa, y enfrentar esos peligros con nobleza, valentía, estoicismo y un sentido del humor cínico y eficaz resulta interesante.
Aparte de la pegada trágica de 'Redención' y de la narrativa firme, solvente y sobria de Paddy Considine, la película goza de un trabajo abrumador de Peter Mullan.
A Dahan le falta firmeza en el pulso para sostener el equilibrio melodramático de la historia, pero sí maneja adecuadamente el desarrollo del viaje en esta 'road movie'.
Miniatura a lo Kaurismaki. Hay situaciones a ambos lados de la barra del bar que podrían marcar el inicio de un nuevo estilo de baja comedia, a pesar de que la película se presenta como un drama disimulado.
De un modo inteligente y emotivo, Rachid Bouchareb reúne en esta búsqueda a personajes muy apartados entre sí, creando un retrato maravillosamente detallado de sus historias.
Cesc Gay juega con la confusión que rodea a sus parejas dobles, generando en el espectador una sensación de ligero desconcierto que refleja la complejidad de la vida misma. Esto otorga a la película un toque de cercanía, complementado por la naturalidad de las interpretaciones.
El mecanismo argumental es ingenioso. Rodríguez mantiene el pulso insolente y provocador de '7 vírgenes', así como una mirada compasiva hacia sus personajes resecos y agostados.
Una narración directa y vívida en detalles, con momentos de una elocuencia asombrosa. Es ese cine poco frecuente que no solo habla, sino que realmente se hace sentir. Absolutamente colosal.