Película que sabe hablar bajido de las grandes cosas y bien alto de las pequeñas. Lo que vemos, esos tiempos solapados y memorias exprimidas, rezuma la calidez del homenaje.
Consigue milagrosamente el franqueo necesario para llegar a su destino y transmitir esa brutal y pasional corriente de amor de sus originales, en especial del literario al que se arrima más. (...) El cuadro es amplísimo y la cinematografía brillante; la elegancia y calidad formal está a la altura del fondo apasionado y emocional de esos personajes.
La acción se limita casi por completo a un solo espacio y al diálogo, mientras que los conflictos que se presentan se sienten forzados. Sin embargo, resulta interesante observar a Carmen Machi dar vida a un personaje impresionante.
Más que la historia, lo que sorprende es la forma y el tono elegidos para su desarrollo, con decisiones de puesta en escena inesperadas y la excelente mano de la directora para no reamargar lo amargo.
Magníficamente explicada, con un modelo de guion que se entrelaza con maestría, rigurosa y minuciosa en los detalles esenciales. A pesar de su duración, se disfruta en un santiamén.
Adaptación perfecta. La mirada en blanco y negro, la exquisitez de la sinfonía visual de Paula Ortiz y la precisión de las texturas logran crear un magnífico bordado cinematográfico, insuperable.
El guion y la puesta en escena destacan por su ritmo ágil y los constantes giros de la trama. Los contratiempos, la tensión y la pasión se desarrollan con rapidez y fluidez.
Qué película tan excepcional, tan lograda, emotiva y admirable en cada uno de sus muchos ingredientes y en su cuerpo general, y que tiende un hilo de corriente entre la tripa, el corazón y la cabeza.
Un cine de corte clásico, con buena ambientación, gran intuición del punto de vista, intriga en el encuadre y mucho desgarro narrativo para mostrar el terror, el frío y la humillación.
Aceptable. La magnífica ambientación y el uso de la música clásica en sus momentos dramáticos hacen de esta película una experiencia visualmente atractiva. Aunque carece de una profundidad y refinement significativo, logra transmitir una esencia cinematográfica efectiva.
Targarona opta por una narración fluida y accesible. Esta elección, aunque válida al abordar la historia de manera cinematográfica, limita la profundización en la verdadera tragedia y, de alguna forma, en la emoción que esta podría transmitir.
Técnicamente, tanto en lo visual como en la compleja banda sonora, la película ofrece lo mejor de sí misma, con una construcción del plano y de la secuencia muy bien trabajada.
Oldman se ha transformado en su personaje, Winston Churchill. Tanto su actuación como la dirección de Wright son destacables por su impecable puesta en escena, la profundización del personaje y la narración de la historia.
El argumento se guarda algunas sorpresas, evitando caer en un simple melodrama. Sin embargo, uno de los principales problemas de la película radica en la falta de justificación adecuada para los comportamientos de su protagonista.
Una narración fluida y accesible, en ocasiones con un toque de humor, sobre el infierno que enfrentaron algunos de los grandes íconos del cine. Bryan Cranston brilla en su interpretación.
El trabajo de dirección carece de audacia. Sorprendentemente, Marian Álvarez logra hacer llevaderos cada uno de los tropiezos del guion. Ambas actrices destacan como lo mejor de esta película que se siente algo desgastada.