Hay intriga, peligro, ironía, un toque de inesperado romance y la píldora ética elude o camufla en cambio lo trágico de la guerra y cae en la imagen tópica del nazi y el soviético.
Desplechin narra la historia con sinceridad y simplicidad, pero esto no logra disipar la sensación de indiferencia que provoca. La actuación de Mathieu Amalric no logra aportar el más mínimo atractivo a este relato que termina siendo monótono.
La potente imaginación del cineasta convierte la película en un constante estupor visual y en una trama llena de hechizo y pavor, sin que ninguna de las dos destruya a la otra.
Esta película presenta una nueva división del mundo: aquellos que esperan y aquellos que nunca llegan. Elocuente silencio complementado por la expresión altiva de Mercedes Sampietro y la postura derrotada de Álvaro de Luna.
Al ácrata Moretti le ha divertido jugar como escarnio, rapapolvo, en una película tan llena de homenajes, al cine, a la resistencia, a los principios, a la crítica nostálgica…
Se puede decir que esta película asume el riesgo de ser fiel a uno de los clásicos del cine japonés sin dejar de ser también fiel a ese cine británico de horma y aroma inconfundibles.
No es contenida emocionalmente, y tal vez ni siquiera se busque o se merezca esa contención, pero ello hace que se resienta en su impacto contra un espectador más resabiado en el uso del tópico cinematográfico.
Se puede apreciar una sutil gracia en los momentos de la parada en Cannes, así como en la presencia juguetona de Liz Taylor, interpretada por Serinda Swan.
Una narrativa sencilla y clara que busca facilitar la comprensión de los hechos y los personajes, a pesar de su entrelazado temporal. Está bien ambientada y presenta una atractiva construcción de los personajes.
Una panorámica visualmente espectacular sobre la moda de mediados del siglo pasado. Lo más destacado de la película es la manera en que este director, tan astuto, adorna internamente a sus personajes.
Grandiosa sátira. Los diálogos, la química entre los personajes, y la simplicidad de la puesta en escena se combinan para crear una juerga tragicómica que aborda al personaje y su entorno de manera devastadora.
Nichols logra aquí el insólito milagro de contarnos esta dramática historia sin caer en los clichés racistas y en la brocha gorda. Magnífica interpretación de la pareja, Joel Edgerton y Ruth Negga.
Es una película con numerosos momentos brillantes. Sin embargo, desde mi perspectiva, no se logra comprender el sentido del conjunto, su verdadera magnitud, lo que realmente perdura al salir de la sala.
La película destaca por su encanto, melodrama y un sutil cinismo. Beatty logra retratar de manera efectiva la relación entre el cine, las finanzas y el poder.
Hay muy buen gusto narrativo y visual. La película es «bonita» y aunque su «mensaje» de compromiso esté ya un poco sobado, no deja de ser grato escucharlo.
Sobresale el clima oscuro y sórdido que logra Espinosa, y, como siempre, la fuerza de un actor como Tom Hardy, que, aunque habla en inglés, evoca una esencia soviética, teniendo momentos cercanos a la cumbre junto a Gary Oldman.