Con gran astucia cinematográfica y un sentido del humor auténtico, la película logra abrir una ventana hacia la intimidad de sus personajes, que son genuinos y reales.
El desarrollo de la película logra que Damien Chazelle controle la épica nacional y global, fusionándola con una delicada épica intimista. Muestra con profundo sentimiento lo personal.
Se sale absolutamente empapado de «La forma del agua» porque como cuento es adorable y confuso, oscilando entre lo infantil y lo adulto. Sin embargo, su realidad resulta extraña y difícil de digerir.
«El secreto de Marrowbone» destaca por su impresionante potencia visual y su ingenioso mecanismo narrativo. Sin embargo, su impacto emocional es limitado, y la historia recurre innecesariamente a algunos clichés del género.
A pesar de que la sutileza y el buen gusto de Dominic Cook son evidentes, algunos hilos de la trama se tiñen de fucsia. Saoirse Ronan brilla con su actuación, mientras que Billy Howle se muestra a la altura del faro emocional que tiene frente a él.
Hazanavicius realiza una película sumamente entretenida e irreverente hacia el santo, abordando todas las contradicciones artísticas, ideológicas y sentimentales del director suizo.
McGregor aborda con mayor soltura narrativa y con mejor empaque visual y sociológico el drama personal que el nacional, y refleja el entorno de éxito del personaje central.
Tal vez, desde un punto de vista científico, la película no esté a la altura de su personaje, pero es evidente que el propósito apuntaba a otra zona de Hawking, mucho más íntima y conmovedora.
El duelo de planos cortos entre Oyelowo y Wilkinson resulta casi tan impresionante como la extraordinaria recreación del periodo histórico. Se trata de una película que es tan entretenida como ilustrativa y efectiva.
Lo que hacen los Coen en esta película es su habitual juego de buscar los aspectos oscuros de las cosas de manera simpática, creando un guiñol repleto de nostalgia y acidez.
El trabajo de Javier Cámara es impresionante y fundamental, elevando el nivel de la producción. David Trueba, con gran lucidez y sentido del humor, logra desenmascarar la compleja tarea de fusionar dos conceptos a menudo considerados incompatibles: memoria e historia.
La película es reflexiva y elegante. Barbara Sukowa interpreta al personaje con gran carisma, y la inclusión de archivos, datos e imágenes documentales contribuye a crear un ambiente adecuado para sumergirse en la historia.
Cada plano es un 'spot' del buen gusto, el modo de transmitirla mediante el dulzor del recuerdo y la esponjosidad de la melancolía le procura una melaza especial.
Una de las películas más hermosas de los últimos años. (...) Rafaela Aparicio borda con hilos fuertes un personaje y una interpretación más grande que el mayor premio.