Scott aborda el trabajo de narrarlo en un tono de apasionado melodrama, atendiendo a todos sus perfiles folletinescos y sin el menor miedo al exceso, la caricatura y la banalidad.
En lo que se desprende de los ojos de Tammy Faye hay ilusión, convicción y amargura, también una crítica al sueño americano y sus pesadillas. Pero lo digno de ver es el espectáculo de Chastain.
Trueba deja que lo cotidiano fluya en su meticulosa ambientación. La narrativa se desarrolla de manera amena, equilibrando con destreza la comedia y la tragedia, todo ello en perfecta sintonía con el elenco.
La historia está cuajada con levedad y corazón, llena de momentos de ligero humor y de 'gags' de enorme carga de ingenuidad. La puesta en escena es intensa en lo visual y conmovedora en lo emocional.
Depp está excepcional en su interpretación, desbordando su complejo 'yo' en el personaje de W. Eugene Smith. Aunque carece de sutilezas, la película logra transmitir un encanto preanalógico a través del uso repetido del verbo revelar.
Es un enjambre de personajes, tipos y conductas, que ambienta y narra bien un episodio histórico aunque sin la profundidad de la biopsia, como un limpia parabrisas sobre un cristal.
Es a la vez un espectáculo explosivo, enérgico y a la altura magnética del grupo y de su líder. Como espejo del original, tiene un vaho que lo empaña; pero como montaje musical es un maravilloso espectáculo.
Hay mucho cine en «Roma», del sencillo, mínimo e íntimo, y del otro, el gigantesco, el que muestra terremotos y revueltas, sociales y personales. Y penetra en la carne.
Una historia real que le permite a Spike Lee combinar elementos que domina con maestría, como el humor negro, un ritmo enérgico, la injusticia racial y el choque de supremacías, siempre capturados con su lente.
Cuando aparece el título, ya han ocurrido tantos eventos que uno se impacienta en su asiento. Sin embargo, a medida que avanza la trama, se siente más intención que resolución.
Magnífico retrato con tres o cuatro trazos de la dignidad y fuerza de una mujer. Streep y Hanks están a la altura de sus increíbles personajes; la puesta en escena es insuperable, y el ritmo se siente preciso.
El director maneja con destreza una variedad de recursos visuales y sonoros, así como las actuaciones, logrando que el espectador, desde su butaca y en la penumbra de la sala, desee que se encienda una luz.
Un texto maravilloso, de una belleza, profundidad y sentimiento que trastornan, y una imagen evocadora en blanco y negro que te satura de emociones y reflexiones.
Muy divertida, sin ocultar su trivialidad, presenta una abundante selección de diálogos ingeniosos y un saludable ejercicio de reirse de dos grandes actores que despliegan su autenticidad.
La vocación de denuncia de unos hechos sin duda sórdidos y criminales se diluye entre los afanes de la pareja por escapar de allí, lo que convierte en común una historia realmente espeluznante.
Corsini presenta una narrativa que en esencia abarca dos historias, las cuales parecen tener matices autobiográficos. A medida que entrelaza ambos relatos, es evidente que su fuerza radica en la interpretación de Miguel Ángel Solá.