Es tan espectacular la horma maestra de la inconexión narrativa como el cúmulo de tedio disfrazado de caligrafía humorística sin resultados visibles, o risibles.
Recrea con gran habilidad un terrible hecho real en el Irán de los ayatolás justo después de la caída del Sha. Affleck nos cuenta la historia con una magnífica cantidad de intriga y humor.
Un buen autorretrato y, al tiempo, un buen paisaje neblinoso inglés. Lo que incita a ver esta película es lo que más esconde en el fondo: la interpretación de Meryl Streep y el hierro de Margaret Thatcher.
Descacharrante sentido del humor. La potencia de sus imágenes y lo impredecible de sus momentos gloriosos la convierten en un menú para los insaciables.
Hay películas que funcionan a la perfección: esta es una. Hay tanta electricidad y calor en las relaciones de los personajes que los momentos intensos y conmovedores son tan numerosos y contundentes que ocultan cualquier pequeña debilidad o incertidumbre.
El espectador debe confrontar un dilema moral, dentro de un filme que combina intriga y ciencia-ficción, o simplemente una broma sin más. Esta incertidumbre sobre el tono de la película es lo que provoca que tropiece en su desarrollo.
Aranda logra que un actor infalible como Eduard Fernández se mueva sin rumbo, transmitiendo una extraña sensación de confusión sobre su identidad y propósito. Existe una notable falta de profundidad en su interpretación.
Sorprende por lo bien hecha y contada que está 'Salvador'. Todo en la película es de primera calidad, mostrando un empaque sólido y, al mismo tiempo, una profunda sustancia.
Un ejercicio duro y valioso el de absorber musicalmente el sufrimiento de las víctimas del terror y el de ofrecerles públicamente su apoyo tanto en el pasado como en el presente.
Las últimas escenas son, sin duda, lo mejor de la película; capturan la emoción de manera efectiva. Sin embargo, ciertos diálogos y partes de la trama podrían haberse desarrollado con un enfoque más realista.
Sea por el guion o por el montaje, el argumento se desarrolla entre flecos y huecos, aunque fácilmente rellenables, pero que dejan un inapropiado oleaje en el fluir de una historia tan tremenda pero también tan sencilla.
La película destaca más por su apariencia que por su contenido. Su diseño moderno y atractivo visual despierta interés, aunque no logra profundizar en una trama sólida.
La directora le procura a su historia un tejido cercano al neorrealismo, aunque impregnado de esos personajes bufos de la comedia italiana de los sesenta, todos ellos deslavazados y cada uno con su brújula para seguir el argumento.
Historia que se podría contar en dos brochazos y nadie pediría más. Ben Affleck da más, mucho más. Encuentra al personaje clave y la zona exacta del tablero para el resto de personajes.
Una buena combinación de la intriga, el terror y el humor pasota le permite a la película que, sin tomarse en serio, se disfrute en esas tres claves y se pase de la tensión al susto y a la risa casi al tiempo.
Como retrato ambiental o social queda romo, a pesar de la ambientación, pero sí impacta la autenticidad del retrato individual de una mujer incapaz de resolver el enigma de ella misma.
Guadagnino logra mantener la coherencia estética en su obra. Sin embargo, en el enfrentamiento entre el bien y el mal, parece quedarse atrapado, sin la fuerza necesaria para llevar su mensaje a un nivel impactante.