Emocionante y apasionado drama que presenta de manera atractiva a un grupo de jóvenes universitarias que ofrecen una resistencia casi divertida contra el avance del fundamentalismo.
Hay tramas, subtramas, retamas y hojarasca en un guion que hace un revoltijo de personajes, espionajes y contraespionajes en el que lo que mejor se entiende es el papel de Penélope Cruz.
Si bien la estructura narrativa es densa y deliberadamente lenta, carece de un verdadero atractivo. Sin embargo, hay instantes y diálogos cargados de emociones que logran ser impactantes.
El empaquetado visual es magnífico. Se hace evidente que James Gray busca con más ahínco la odisea interior que la aventura exterior, lo cual influye en la experiencia de entretenimiento.
Vallée acierta al cargar a Witherspoon con una mochila que simboliza el descontrol tanto de la Naturaleza como de su propia vida. La actuación de Witherspoon es un reflejo fiel de esta lucha interna, mostrando su capacidad para transmitir la complejidad de sus emociones en medio del caos.
Hay tanta tensión como distensión, hay tanta furia como razón, y hay tanta sencillez como profundidad y tanto hígado como poesía inesperada. Casi redonda, como su propio título sugiere.
Un equilibrado ejercicio de descripción, reflexión y ritmo. La película resulta tan recomendable como extensa, ofrece calidad y exige al espectador, provocando indignación y convulsión, aunque también puede suscitar una pizca de tedio.
Cuenta un romance magníficamente aderezado de tópicos pero con la mirada puesta en otro sitio. Lo mejor es el apunte de los trapicheos entre los comerciales de fármacos.
Una de esas películas que dicen 'cosas', que radiografían un estado de ánimo tan personal como generacional y que, desde luego, y es lo raro últimamente, no da lo mismo verla que no verla.
A pesar de la simplicidad de la trama y sus elementos superficiales, la producción brinda un notable nivel de atractivo visual y entretenimiento, característico de un subgénero que cuenta con tanto adeptos como detractores.