Magnífica película. Fría de principio a fin, la trama se vuelve amarga, desoladora y cínica a través de un juego que, aunque suene antiguo, siempre resulta novedoso y vibrante.
El triángulo es fascinante y sus intérpretes lo llenan de hipnótico atractivo. Miller logra entrelazar una narrativa muy física con aspectos psicológicos profundos.
El retrato es escalofriante; no se trata tanto de una película placentera para ver, sino más bien de una experiencia que deja huella, generando un impacto inmediato y un eco persistente en el espectador.
El trabajo de dirección es bastante rutinario. Para disfrutar de esta película y su historia, es fundamental que al espectador le gusten los caballos y observarlos saltando por un recorrido definido.
Impecable en sus fondos, en los estados de ánimo y en su doble sentido del humor y de la moral, logra sumergir al espectador y entrelazar el material filmado con el de archivo.
Sobresale el talento de la actriz Adriana Ozores, quien evita los clichés comunes en la narrativa. Sin embargo, recurre a frases hechas sobre la permisividad y la complicidad policial, así como a un tono preconcebido en contra de jueces y fiscales, y a una representación simplista del entorno carcelario.
Una narración ágil. El guion y la puesta en escena son sólidos. Sin embargo, la duración ajustada provoca que la transición hacia el desenlace sea apresurada y poco fluida.
Larraín vuelve a repetir la fórmula de 'Jackie', esta vez enfocándose en Diana Spencer. Kristen Stewart logra transmitir de manera efectiva la angustia del personaje.
Las miradas de su directora y de Djuricic hacen que el espectador se sumerja en un caldero de emociones intensas y rabia por los sufrimientos que se muestran. La narración es ágil y ofrece un gran impacto tanto visual como emocional, generando un profundo desgarro.
Emocionante y apasionado drama que presenta de manera atractiva a un grupo de jóvenes universitarias que ofrecen una resistencia casi divertida contra el avance del fundamentalismo.
Hay tramas, subtramas, retamas y hojarasca en un guion que hace un revoltijo de personajes, espionajes y contraespionajes en el que lo que mejor se entiende es el papel de Penélope Cruz.
Si bien la estructura narrativa es densa y deliberadamente lenta, carece de un verdadero atractivo. Sin embargo, hay instantes y diálogos cargados de emociones que logran ser impactantes.