Posee la ambición de ser una película difícil de clasificar, con secuencias de sorprendente intensidad, un argumento que sorprende constantemente y situaciones que resultan complicadas de asimilar.
Los mayores méritos de «Solo» residen en sus complejas resoluciones técnicas, en la audacia de su planificación visual y en su capacidad para sostener la tensión dramática a lo largo del metraje. Sin embargo, en ciertas ocasiones, la trama puede sentirse sobrecargada.
Abrumadoramente hermosa y pura en su texto y contexto, a pesar de no apoyarse en diálogos, lo cual sublima su capacidad de sugerir, de invitar a la imaginación y a la interpretación con toda la potencia de su poética y su parábola.
La película destaca por su rica variedad de ambientes, su impresionante fotografía y las diversas situaciones que presenta. Además, se caracteriza por su enfoque sincero hacia la emocionalidad. Es una obra que fluye suavemente, extendiéndose un poco más allá de su desenlace.
Lo que era un vuelo rutinario se tuerce y empieza una peripecia que no hay otro calificativo para ella que el de muy entretenida, llena de accidentes y situaciones en las que sobrevivir construye el grueso del guion.
Más encanto, más aventura, más madurez y a más altura. La película vuela sin perder ni un gramo de interés y fascinación, con todas sus claves y códigos del cine militar, romántico y de aventura extrema.
Lehericey lleva con destreza el desarrollo de las tramas, combinando de manera equilibrada los elementos de comedia y drama. Se trata de una película sumamente agradable y sentimental, que destaca por sus momentos de gran ingenio y emocionantes secuencias de danza.
Con gran destreza cinematográfica y una seducción visual envolvente, Levan Akin cuenta la historia de Merab. Su narración presenta de manera cautivadora el entorno familiar del protagonista y incluye instantes de genuina claridad.
Cuesta entrar al ritmo y la emoción, pero lo cierto es que todo está fielmente logrado. Sin embargo, hay que atravesar una primera parte de «aclimatación» para llegar a lo intenso, emocionante y espectacular de la obra.
Un tejido amable y vistoso con los colores del «biopic» sobre la trascendencia de este bailarín. Más interesante para los amantes del baile que para los que se quedan con la copa en la barra.
Sin lograr sobreponerse a su gran escollo, que es su difícil encaje con lo verosímil y su exhibicionismo sentimental, la película logra enjaular momentos de notable intensidad.
Una mezcla curiosa de drama, comedia, ballet clásico, danza contemporánea, filosofía vital y buenrollismo que deja como resultado esas 'buenas vibraciones' y algunas valiosas lecciones de vida.