Aquí el 3-D no sale de la pantalla, sino que tira de ti hacia ella en un vértigo entre el horror y la poesía. Una de esas películas que no se olvidan fácilmente ni con alzheimer.
Es evidente que el reflejo cinematográfico no está a la altura del original ideado y dibujado por Uderzo y Goscinny, y que el cine sólo puede trasladarle al público algo entretenido, gracioso, 'digno' pero ya sin la grandeza del cómic.
Yates parece aspirar a mantener un ritmo de 'última escena' desde el inicio de la película, lo que genera una sensación de continuidad incesante y de tensión sostenida. El final se presenta como intrigante y astuto.
Tal vez el título y el tema no inviten al entusiasmo, pero una vez dentro de la película lo cierto es que todo lo que se muestra allí es espectacularmente bueno.
La película de Rob Marshall no es un cofre abierto y lleno de sorpresas, aunque tiene al menos dos grandes novedades: las dichosas gafas del 3D y la presencia de Penélope Cruz.
Trilogía casi a la altura de 'El padrino'. No hay un minuto de descanso y, cuando lo hay, se aprovecha para introducir un elemento inventivo: la inclusión de Barbie y Ken, que resulta ser muy divertida.
Le falta ese sentido del humor y conexión con el mundo infantil que aporta luz, claridad y alegría. Es una pena que todo se sienta demasiado convencional para un director tan provocador como Snyder.
El 3D está bien logrado sin provocar mareos, y el ingenio y la diversión destacan; sin embargo, también hay momentos y situaciones que rinden homenaje al original.
Allí donde se unen el cine y la fantasía, se sale ebrio de imaginación, pero completo, porque la película ha tenido la prudencia de sostener el trasfondo ligero del cuento, el 'érase una vez', en un envoltorio abrumadoramente perfecto.
Película que se mueve con elegancia por las profundidades de la moralidad, resultando turbadora e inquietante. Es recomendable disfrutarla con la menor cantidad de clichés y conceptos preestablecidos.
En el proceso de digitalización de la carne, la pantalla recoge toda la traza y la apariencia de los actores, pero no logra capturar su esencia, lo que afecta la conexión con la trama. Sin embargo, hay escenas magníficas que destacan en medio de esta desconexión.
Explora en ese terreno a veces confuso entre la víctima y el verdugo. Una confusión que alienta el guion esquivo con las intenciones de los personajes, que no acaban de hacerse conmovedores ni abyectos.
Uno está más de media película sin saber qué y a quién pasa. Pasada la hora larga, se van aclarando, y no mucho, los hechos y los personajes, pero ya, a esas alturas, como que no apetece condolerse con ellos.
El documental es digno de verse, logra transmitir tanto lo que propone como lo que critica. Es una experiencia potente y emocionante. Coixet trata con exquisito gusto y gran tacto todo este oscuro episodio.
Aunque cueste creerlo, Ulrich demuestra una gran contención y sutileza al narrar la historia. Es una obra inteligente, poderosa, oscura y bien ejecutada.
Es una película más que amarga tanto por lo que revela como por lo que esconde. Desgarra el relato y no encuentra apósito ni consuelo en el modo huraño de contarlo.
La película expone su alegato, argumenta con sensatez y pasión, muestra heridas y dudas y se ubica razonablemente en el lado bueno del mundo. Película interesante.