Una especie de "thriller" en el que la política, los medios de comunicación y los derechos civiles se manosean como en el cuarto oscuro de un sex-shop. Destaca la excelente interpretación de Daniel Brühl, como siempre.
El trabajo de Figueres y su colaboradora en el guión es documentalmente impresionante, y nos muestran el puño y letra de una época terrible. Una huella digital admirable en la memoria de su época.
Tautou ocupa perpetuamente el plano y la secuencia, pero no ocupa, en cambio, la cabeza del espectador, que ve cómo se pasa la película sin que aquello tenga más vuelo que el de una faldilla estrecha.
Visualmente es imbatible. La mirada del personaje es directa y algo taciturna, lo que permite una profunda conexión con su interior. Se trata de una película extensa que se experimenta como si fuera breve.
Frears borda un fresco magnífico de la Familia Real Británica, ofreciendo un análisis perfecto, profundo, entretenido y cuidadosamente malicioso de aquellos días.
Horas de luz ofrece un hermoso homenaje a la reinserción y al amor que trasciende las fronteras de la prisión. Además, destaca el desempeño de sus dos protagonistas.
En lo visual es ejemplar, hermosa y dura, y en sus intenciones es profundamente incómoda. Cristiana Dell'Anna transmite una franqueza y orgullo inigualables en su mirada.
Chavarrías ha aprovechado al máximo la escasez de elementos y pone la tilde en la ambientación, la excelente fotografía y la interpretación para que tal cantidad de historia quepa y tenga sabor con los ingredientes más que justos.
Es agradable disfrutar de la actuación de Wahlberg y su enfoque sin lloriqueos en el melodrama. Aunque podría carecer de la grandeza cinematográfica esperada, cumple con su propósito como homenaje al Padre Stu.
Se mezcla lo real y lo ilusorio. Hay un claro propósito de homenaje, una recopilación de emociones y obras, un viaje que aborda el peso del pasado. Sin embargo, la trayectoria resulta confusa y enigmática.
No es un documento que revele aspectos o detalles desconocidos de su vida, pero ofrece un fuerte impacto visual al mostrar su progresiva degeneración social y profesional.
La información exhaustiva y el uso meticuloso del detalle, así como la acumulación de material que alimenta la pira que consume su figura, hacen de este documental una obra tanto admirable como desconcertante.
Este documental destaca la incomodidad de Saura consigo mismo, lo que resulta curioso y a la vez entrañable. Refleja no solo su esencia personal, sino también la conexión con su familia y la complejidad de su obra.
Mladenovic logra crear un retrato áspero y sombrío solo con el uso de la cámara. Aunque la trama resulta confusa, las imágenes tienen la fuerza suficiente como para provocar la necesidad de disfrutar de un par de cervezas.
A Doillon le puede el texto, la necesidad de convertir a su personaje en un ser a la vez silencioso y parlanchín. La sensación es de que aporta poco y no importa mucho más.