Es el carácter visionario del personaje, su fe y fuerza interior, lo que sutilmente se resalta en la película, aunque hay diversos momentos chorras donde se trivializa y se pretende diluir con algún chascarrillo erótico o pseudorreligioso.
El buen trato visual, el cuidado en los detalles y la originalidad en la construcción del relato le otorgan un plus de interés a la vida de este artista.
Se mezcla lo real y lo ilusorio. Hay un claro propósito de homenaje, una recopilación de emociones y obras, un viaje que aborda el peso del pasado. Sin embargo, la trayectoria resulta confusa y enigmática.
Está atiborrada de cine. El uso de la imagen y el texto es ejemplar. Los recursos visuales son hermosos, elegantes y sugerentes. Se trata de una película distinta, desenfadada, elaborada con esmero.
No es un documento que revele aspectos o detalles desconocidos de su vida, pero ofrece un fuerte impacto visual al mostrar su progresiva degeneración social y profesional.
La monotonía de esas vidas se traspasa eficazmente a la pantalla, pero también destaca el talento de sus dos actores, que consiguen darle una enorme actividad interna al relato.
Es un wéstern que respeta los fundamentos clásicos en su esencia, narrativa y estilo visual, ofreciendo una nueva perspectiva sobre una leyenda del género.
Cousins elabora documentales con un enfoque familiar hacia el sujeto, y en este caso, aborda la enigmática figura de Orson Welles desde una perspectiva y un tono completamente diferentes.
La producción, ambientación e interpretación es muy competente, aunque se resuelva de modo «peliculero» y melodramatice algunos de sus personajes y situaciones.
Este documental destaca la incomodidad de Saura consigo mismo, lo que resulta curioso y a la vez entrañable. Refleja no solo su esencia personal, sino también la conexión con su familia y la complejidad de su obra.
Narra con una efectiva ambientación de época y un buen espíritu. La historia resulta entretenida y reveladora, aunque no alcanza a satisfacer del todo en términos cinematográficos. A pesar de esto, se sitúa como una obra adecuada para ser disfrutada por toda la familia.
La historia de esta batalla es fascinante, aunque no tanto como esos dos personajes, y el director intenta contar los hechos con narrativa clara y ordenada, a pesar de lo cual no puede evitar que las ideas (...) se empastelen (…) Puntuación: ★★★ (sobre 5)
A Doillon le puede el texto, la necesidad de convertir a su personaje en un ser a la vez silencioso y parlanchín. La sensación es de que aporta poco y no importa mucho más.
Se entra a la película con la esperanza de un rastreo, un contacto con el genio, pero se sale de ella con la fe de un doble e inesperado gran encuentro, con la tecla de un músico inmortal y con la de un joven cineasta que llega en tromba.
La figura de Papusza, su originalidad poética y su esencia romaní, no queda tan bien encuadrada en la película como el impresionante envoltorio que la cubre: mira la figura, pero hipnotízate con el fondo.
Una especie de "thriller" en el que la política, los medios de comunicación y los derechos civiles se manosean como en el cuarto oscuro de un sex-shop. Destaca la excelente interpretación de Daniel Brühl, como siempre.
Waddington presenta de manera muy cinematográfica al personaje, despojándolo de cualquier pretensión y envolviéndolo en un mundo de celuloide. Se trata de un retrato ágil y entretenido.