Contra su título, es una película muy controlada que aborda esta adicción con una profilaxis y una precaución que la sitúan en una delgada línea entre el drama y la comedia.
Tanto la historia como su tratamiento del cruce sin semáforos se sienten algo gastados, pero conserva esa frescura, aunque en ocasiones se percibe forzada, que caracteriza al cine independiente estadounidense.
Película ingenua, llena de ápices de encanto y tan pegada a la vía del tren, al gag visual y la charla silente que uno no se sorprendería ver en ella de repente y de soslayo a Buster Keaton.
Y no sabiendo lo que pasa, ni dónde ni por qué, puede uno disfrutar de lo realmente atractivo del producto, es decir de que no paren de pasar 'cosas' a mucha velocidad y con una violencia ineficaz.
El director logra captar el tono de su profundo argumento humanista mediante una ambientación sorprendente y un personaje cautivador. Karra Elejalde ofrece un gran desempeño, destacando por su sencillez y franqueza memorables.
Es exactamente lo que su público espera de ella: un rato de enredo, algunas risas. Sin embargo, dado que la trilogía ha perdido fuerza, se podría esperar un poco más de ingenio del indudable talento de Santiago Segura.
El esquema resulta funcional y atractivo, con una trama sencilla que ofrece suficientes giros y sorpresas para mantener la atención del público adecuado.
Interesante película que destaca en varios aspectos: el nostálgico, el lírico, el audaz, el metafórico, reflejando las elecciones presidenciales de 2016, así como en su humor y un ligero toque dramático.
Torrente de sencillez, de profundísima sencillez, de esta obra maestra (...) Película maravillosa, nutritiva y que Jarmusch nos la cocina con el máximo gusto, cuidando el detalle de repetir sin agotar (...) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)
La película es redonda, probablemente la mejor de la trilogía, y desemboca en un tercio final sublime en el que la nocturnidad y la alevosía tiñen la película de grandeza y catarsis.
Hay dos tipos de cine indie americano, uno que te mira a ti y otro que quiere que lo mires tú, y «Sobran las palabras» pertenece enteramente al primer grupo.
Contiene elementos, ideas y sentimientos llenos de ingenuidad y lucidez sobre el corcho de la vida, pero también otros más fatigosos y 'modernuquis'. Miranda July, que es además la protagonista, produce algo parecido a ese efecto 'repetir' de ciertas comidas.