Lo más destacado de la película es su guión. Boyle elige acertadamente no incluir «lo importante» en su retrato, pero pone su atención en los detalles del hiperrealismo que se esconden dentro de esos tejanos y del polo negro.
Se entra a la película con la esperanza de un rastreo, un contacto con el genio, pero se sale de ella con la fe de un doble e inesperado gran encuentro, con la tecla de un músico inmortal y con la de un joven cineasta que llega en tromba.
La figura de Papusza, su originalidad poética y su esencia romaní, no queda tan bien encuadrada en la película como el impresionante envoltorio que la cubre: mira la figura, pero hipnotízate con el fondo.
Una especie de "thriller" en el que la política, los medios de comunicación y los derechos civiles se manosean como en el cuarto oscuro de un sex-shop. Destaca la excelente interpretación de Daniel Brühl, como siempre.
Visualmente es imbatible. La mirada del personaje es directa y algo taciturna, lo que permite una profunda conexión con su interior. Se trata de una película extensa que se experimenta como si fuera breve.
Paz Vega encarna el papel de Teresa de Ávila con gran autenticidad. Los diálogos están meticulosamente elaborados y, en varios momentos, la escritura original de Teresa realza la profundidad de la película.
Doria intenta abarcar una gran cantidad de elementos en su narración. Un enfoque que incluya menos detalles y más sugerencias podría haber elevado la obra de manera significativa.
Chavarrías ha aprovechado al máximo la escasez de elementos y pone la tilde en la ambientación, la excelente fotografía y la interpretación para que tal cantidad de historia quepa y tenga sabor con los ingredientes más que justos.
Un documental realmente currado y que muestra al cantautor en toda su largura, anchura y profundidad, lo que para cualquier sabinista será un auténtico regalo.
Es conmovedor asistir al encuentro, pero no es revelador o provocador, y en cierto modo logra lo que se propone: una mirada a Jane Birkin como nunca se ha hecho, y hay que conformarse con eso.
Se mezcla lo real y lo ilusorio. Hay un claro propósito de homenaje, una recopilación de emociones y obras, un viaje que aborda el peso del pasado. Sin embargo, la trayectoria resulta confusa y enigmática.
Es un wéstern que respeta los fundamentos clásicos en su esencia, narrativa y estilo visual, ofreciendo una nueva perspectiva sobre una leyenda del género.
La directora combina sutileza, dureza y una magnífica ambientación para dar vida a su narrativa, mientras que la actriz Alba August aporta su propio talento para enriquecer la experiencia.
Es imposible encontrarle a esta elaboradísima pintura la grandeza de su anterior obra maestra, «La gran belleza», pero es cierto que Toni Servillo alcanza de nuevo la cumbre de su personaje.