Película ingenua, llena de ápices de encanto y tan pegada a la vía del tren, al gag visual y la charla silente que uno no se sorprendería ver en ella de repente y de soslayo a Buster Keaton.
Y no sabiendo lo que pasa, ni dónde ni por qué, puede uno disfrutar de lo realmente atractivo del producto, es decir de que no paren de pasar 'cosas' a mucha velocidad y con una violencia ineficaz.
Las elecciones de luz, encuadre y 'tempo' son realmente exquisitas, pero la mejor elección (...) ha sido su pareja protagonista (...) película hermosa, y triste, y alegre, muy recomendable para todo tipo de ojos (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)
Estamos ante una película con punta, aunque no se vea claro a dónde señala, pero con gracia y algo de elegante suspense, y con buenos duelos de miradas entre Fiennes y Taylor-Joy.
Contiene un aspecto social que la convierte en una experiencia divertida, atractiva y bien estructurada. Es amena, enfrenta los desafíos que se presentan y permite al espectador tener una perspectiva sin prejuicios sobre la salsa boloñesa.
El director sabe cómo presentar esta historia: la lucha por superarse frente al otro mezcla la comedia con un matiz ácido que critica la discriminación.
La gracia y el talento se encuentran en la composición de los personajes y en la brillantez de sus actores. Hay tantos momentos de disfrute que uno recorre su historia sin perder la sonrisa.
'Irrational Man' es de una seriedad abrumadora, rigurosamente intelectual y perversamente ética y filosófica… Pero también, asombrosamente divertida y ferozmente negra.
Alarga algunos gags hasta que pierden fuerza, pero Dupieux sorprende con algo inesperado. Su forma de deshilachar lo razonable puede resultar ingeniosa y graciosa si hay un poco de voluntad por parte del espectador.
No hay un solo instante sin un chiste, lo que dificulta reírse de todos, incluso de algunos. Los personajes se divierten mucho en la pantalla; sin embargo, fuera de ella, la audiencia debe encontrar la postura adecuada para experimentar lo mismo.
En "Dead End" destacan dos aspectos fundamentales que enriquecen esta película de serie B: el suspense y el humor. Ambos elementos se combinan de forma eficaz, ofreciendo momentos tensos y a la vez divertidos que mantienen al espectador comprometido con la trama.
Una vieja historia que se ha contado varias veces y de diversas maneras, pero ninguna de ellas de un modo tan franco y cercano, casi vecinal, como la construye Paul Morrison.
Estrambótica. No tiene más que la presencia contradictoria de Houellebecq y Depardieu, casi como El Gordo y El Flaco, que convierten la función en un gracioso esperpento.
La película no logra alcanzar la profundidad y sencillez que caracterizan a Rohmer, y se distancia aún más de la brillantez y el ingenio que despliega Woody Allen.
Aunque no se trata de una película sorprendente, destaca la relevancia de la interpretación: los actores logran desplegar sus habilidades de manera notable.
El personaje resulta ser superficial. La película no pretende provocar una reflexión, ni desde una perspectiva religiosa ni antirreligiosa. Se sugiere que la apostasía demanda un mayor análisis y pensamiento crítico.
El intento de aportar un frescor narrativo es evidente, y hay una construcción sólida tanto de personajes como de situaciones. Sin embargo, se percibe que un poco más de sustancia en la trama podría haber beneficiado a la historia.
Cuando uno ve esta película, ve una historia; pero al volver a verla, también descubre una nueva perspectiva. No necesariamente animo a verla en repetidas ocasiones, aunque podría sugerirlo, ya que no deberías perderte ninguna de las dos experiencias.