Contiene elementos, ideas y sentimientos llenos de ingenuidad y lucidez sobre el corcho de la vida, pero también otros más fatigosos y 'modernuquis'. Miranda July, que es además la protagonista, produce algo parecido a ese efecto 'repetir' de ciertas comidas.
Tanto la historia como su tratamiento del cruce sin semáforos se sienten algo gastados, pero conserva esa frescura, aunque en ocasiones se percibe forzada, que caracteriza al cine independiente estadounidense.
El director aborda la historia con un tono muy melodramático, subrayando claramente las pérdidas y ofreciendo un análisis algo superficial de las situaciones. Esto genera en el conjunto una sensación similar a la antipatía.
Brillantísima, sofisticada, retorcida y críptica. Historia vulgar, sabida y sobada por el cine y aledaños, que Lynch consigue convertir en lo nunca visto.
Película ingenua, llena de ápices de encanto y tan pegada a la vía del tren, al gag visual y la charla silente que uno no se sorprendería ver en ella de repente y de soslayo a Buster Keaton.
Y no sabiendo lo que pasa, ni dónde ni por qué, puede uno disfrutar de lo realmente atractivo del producto, es decir de que no paren de pasar 'cosas' a mucha velocidad y con una violencia ineficaz.
La historia evoluciona de manera peculiar y lo que inicialmente promete oscuridad, género y tensión, se desvía de forma intencionada hacia un melodrama superficial y una reducción a lo trivial.
Las elecciones de luz, encuadre y 'tempo' son realmente exquisitas, pero la mejor elección (...) ha sido su pareja protagonista (...) película hermosa, y triste, y alegre, muy recomendable para todo tipo de ojos (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)
Belaïche transmite de manera efectiva la pasión del personaje; sin embargo, el director no logra hacerlo con la misma fuerza, ya que exagera las dulzuras y presenta su película como un postre demasiado elaborado que, al final, no satisface del todo.
Estamos ante una película con punta, aunque no se vea claro a dónde señala, pero con gracia y algo de elegante suspense, y con buenos duelos de miradas entre Fiennes y Taylor-Joy.
Contiene un aspecto social que la convierte en una experiencia divertida, atractiva y bien estructurada. Es amena, enfrenta los desafíos que se presentan y permite al espectador tener una perspectiva sin prejuicios sobre la salsa boloñesa.
La película se presenta de manera narrativa y visual con un estilo de elegancia, aunque carece de momentos realmente impactantes. A pesar de algunos destellos de creatividad, no logra satisfacer el deseo de una experiencia cinematográfica completa.
El cine de Kawase ofrece una perspectiva singular sobre su entorno. Puede resultar sencillo enfrentarse a esta película preguntándose: «¿Y qué?», sin embargo, es mucho más gratificante dejarse llevar por la dulzura y los aromas que propone la receta de Kawase.
El director sabe cómo presentar esta historia: la lucha por superarse frente al otro mezcla la comedia con un matiz ácido que critica la discriminación.
Ceylan ha hecho de nuevo 'su' película, una obra de una precisión asombrosa en la exploración de los sentimientos de sus personajes y de una belleza visual impactante. Es una cinta extensiva, cargada de sensibilidad y una fría hermosura.