Película incisiva, apoyada en un catálogo de clichés y resuelta con exceso de ‘gags’, brocha gorda y duración, con larguísimas secuencias provocadoras, delirantes y alguna hasta repugnante.
La trama resulta en gran parte absurda, algo que Dumont no oculta con subrayados y tropiezos. Se presenta una mezcla grotesca de lo trágico y lo romántico, aunque se sugiere que hay una crítica social y periodística en ella, su enfoque es demasiado limitado.
Una Peña gigantesca. Una historia que se narra de manera fluida, capturando la atención del espectador. Las tragedias están bien matizadas, reflejando realidades cotidianas y femeninas.
Con ella, el guion deja de temerle al cliché, ya que los desmantela con un gesto, una sonrisa juguetona o una frase que combina humor y seriedad. Hay varios momentos memorables.
Estrambótica. No tiene más que la presencia contradictoria de Houellebecq y Depardieu, casi como El Gordo y El Flaco, que convierten la función en un gracioso esperpento.
La película no logra alcanzar la profundidad y sencillez que caracterizan a Rohmer, y se distancia aún más de la brillantez y el ingenio que despliega Woody Allen.
Filma sin pretensiones y, a pesar de ello, exhala estilo, porque su moral primaria y natural no deja restos de moralina, y (...) busca (...) finales mejores para los suyos y su historia.
Alarga algunos gags hasta que pierden fuerza, pero Dupieux sorprende con algo inesperado. Su forma de deshilachar lo razonable puede resultar ingeniosa y graciosa si hay un poco de voluntad por parte del espectador.
No hay un solo instante sin un chiste, lo que dificulta reírse de todos, incluso de algunos. Los personajes se divierten mucho en la pantalla; sin embargo, fuera de ella, la audiencia debe encontrar la postura adecuada para experimentar lo mismo.
En "Dead End" destacan dos aspectos fundamentales que enriquecen esta película de serie B: el suspense y el humor. Ambos elementos se combinan de forma eficaz, ofreciendo momentos tensos y a la vez divertidos que mantienen al espectador comprometido con la trama.
Una película con un propósito claro y no desechable, bien construida y con diálogos acertados. Los actores cumplen bien su papel y las ideas están correctamente presentadas. Podría ser más intensa y difícil de digerir, pero eso le quitaría su esencia.
Esta película cuenta con una ventaja indiscutible: Kiti Mánver, quien se adapta con todas sus fuerzas dramáticas al personaje. Sin embargo, 'Mamacruz' presenta una visión limitada de su entorno, lo que hace que la narrativa pierda profundidad.
La estructura, el cuerpo, su tejido argumental y los propósitos le resultarán al espectador tan familiares como una velada navideña, lo cual no le impedirá deleitarse con todo lo que tiene de historia de superación.
La historia es especial gracias a la actuación de Renate Reinsve. Trier imprime a su película una dosis de ligereza, aunque también incluye momentos profundos. Los actores logran convertir la trama en una experiencia accesible y familiar.
Flikke realiza un trabajo muy creativo. La película es absolutamente excepcional, a pesar de que aborda lo vulgar y ordinario en su argumento y lenguaje.
La construcción de los personajes es minuciosa, oscilando entre lo sarcástico y lo naïf. Los actores dan vida a sus papeles de forma excepcional, y resulta una agradable sorpresa ver a la actriz emergente Griselda Siciliani, quien brilla con gran talento.
Una vieja historia que se ha contado varias veces y de diversas maneras, pero ninguna de ellas de un modo tan franco y cercano, casi vecinal, como la construye Paul Morrison.
El retrato es atractivo y profundo en sus pasiones y matices. Este enfoque cromático y dramático, en un tono "suave", enriquece su integridad y autenticidad.
Hay viaje, pero no se trata de una "road movie"; hay sencillez, pero no simpleza. La cámara, a la altura de los ojos de los personajes y del espectador, muestra un respeto absoluto por la memoria sin recurrir a "flashbacks".