Lo mejor de esta película, llena de nostalgia y melancolía, no se encuentra en el corazón de la historia, sino en sus márgenes. Stallone y Dolph Lundgren aparecen en pantalla como si estuvieran buscando un clásico de Shakespeare que interpretar.
La película comienza de manera decepcionante, con una primera mitad que resulta redundante y tediosa. Sin embargo, a medida que avanza, la historia se transforma gracias a un humor mordaz que toma el control.
Es lo que es, y claro que da para un rato de la tarde del sábado un acelerado compuesto de escenas de acción, de persecuciones enloquecidas y tiros a mansalva.
Con enorme armonía visual y poesía interior, es una pequeña joya sobre los lazos, las riendas y el mantener el equilibrio en la vida, explorando el camino entre saltos y tropiezos.
Hay una buena parte de la trama, que resulta ser la mejor, sustentada en un thriller envolvente. Sin embargo, esto es rápidamente consumido por las incoherencias argumentales y los excesos irreales, lo que transforma la película en una mezcla confusa entre la cordura y la locura.
Todo es potencia visual, estilo y desconcierto. El tratamiento de la acción, la ambientación y la violencia invita a que el interés se desplace desde el sentido común al sentido especial.
Resnais convierte con absoluta maestría y delicadeza la subversión en comprensión. No es, claro, una comedia para partirse de risa, sino más bien para enroscarse en ella.
Se gana con espectacularidad y tesón de jornalero esa hora y media de imparable jolgorio incluso para los legos en videoconsolas resultará divertido, movido y visualmente ingenioso.
El director logra captar el tono de su profundo argumento humanista mediante una ambientación sorprendente y un personaje cautivador. Karra Elejalde ofrece un gran desempeño, destacando por su sencillez y franqueza memorables.
Honrosa animación. 'Una familia de superhéroes' es visual y técnicamente atractiva, aunque compite en otra categoría frente a los grandes estudios de animación. Destaca por las proteínas saludables que ofrece a la infancia.
El guion de Mireia Llinàs y David Marqués presenta una estructura simple, algo superficial, pero logra abordar temas profundos de manera accesible. Esta simplicidad permite que los asuntos tratados se purifiquen a través de la encanto y la conexión entre padres e hijos.
Su encanto reside en que se disfruta de manera sencilla, atravesando la trama sin grandes descubrimientos ni sorpresas, pero con agrado y entretenimiento.
Puede ser que alguien crea que ya ha visto antes esta historia, pero nadie la habrá experimentado con la intensidad, el atractivo y el delirio que propone Daniel Calparsoro. Es un gran ejemplo de lo que el cine puede ofrecer.
Y no sabiendo lo que pasa, ni dónde ni por qué, puede uno disfrutar de lo realmente atractivo del producto, es decir de que no paren de pasar 'cosas' a mucha velocidad y con una violencia ineficaz.
La historia evoluciona de manera peculiar y lo que inicialmente promete oscuridad, género y tensión, se desvía de forma intencionada hacia un melodrama superficial y una reducción a lo trivial.